
El 25 de marzo de 1982, junto a otros 1.700 tripulantes, Herrero zarpó en una navegación considerada rutinaria. Nadie les había dicho aún que estaban a días de integrarse, sin opción, al conflicto bélico más importante de la historia reciente argentina. «No hubo despedidas. Salimos sin saber que íbamos a la guerra», recuerda.
Desde su puesto en meteorología, medía temperaturas, analizaba condiciones climáticas y distribuía los reportes (QAM) por todo el buque: sala de máquinas, cubierta de vuelo, hangares y hasta por teletipo a otros buques, ya que el portaaviones era el buque insignia de la flota de mar.

“El trabajo era de oficina, doce horas de trabajo por doce de descanso. Pero sabíamos que si algo pasaba, no salía ninguno. Una vez se desenganchó un misil de un avión y patinó por toda la cubierta. Si explotaba, el portaaviones volaba entero”, confiesa.

El ARA “25 de Mayo”, un portaaviones ligero de clase Colossus, tuvo un rol clave en el despliegue aéreo argentino. Desde su cubierta operaban los A4Q y los aviones antisubmarinos Tracker, que protegían a los buques sin sonar. Tras el hundimiento del Crucero General Belgrano, el portaaviones se replegó al Golfo San Jorge, una zona donde los submarinos enemigos no podían operar por la profundidad del mar. “Ahí estuvimos navegando más de dos semanas, esperando órdenes”, relata.

Adrián volvió a puerto recién el 27 de mayo. Estuvo más de dos meses embarcado en zona de conflicto, una experiencia que no solo marcó su vida, sino también su manera de ver el mundo. “Teníamos 19 años, algunos 18. Muchos no volvieron. Nosotros sí, pero nadie vuelve igual”, reflexiona.
Durante años, evitó hablar de su experiencia. “Yo sentía que no había hecho nada, porque no estuve en combate cuerpo a cuerpo. Pero después comprendí que todos fuimos parte. Sin el portaaviones, muchas cosas no hubieran sido posibles”, dice. Hoy, forma parte activa de la comunidad de veteranos y realiza actividades educativas en escuelas. “Los chicos te escuchan, más de lo que uno cree. Lo importante es que no se olvide.”

El ARA “25 de Mayo”, de origen británico y condecorado por su servicio en Malvinas, fue parte esencial del dispositivo argentino durante la guerra. Desde sus cubiertas se desplegaron aviones, se distribuyeron provisiones y se transportaron municiones en los primeros días del conflicto.

“Siempre decimos que vamos a volver a Malvinas, pero aún no fuimos. Si lo hacemos, será sin pasaporte, como argentinos. No es un viaje turístico, es algo que aún duele. Pero algún día, tal vez, podamos cerrar el círculo”, concluye Herrero.