Detrás de ese medio siglo de trabajo hay una historia familiar ligada al crecimiento de Eduardo Castex y al acompañamiento permanente de generaciones de vecinos que confiaron y continúan confiando en la labor bioquímica.
Hoy, quien está al frente del laboratorio es Juan Pablo Ferrero, que tomó la posta de su padre y continúa una tarea iniciada en la década del setenta.
«Este año el laboratorio cumple 50 años. No tengo la fecha exacta porque eso lo sabe mi viejo, pero ya pasó, debe haber sido entre abril y mayo», contó entre risas al recordar los comienzos de una historia que se transformó en un verdadero legado familiar.

Los primeros pasos
La historia comenzó cuando Néstor Ferrero se recibió de bioquímico en 1973. Recién casado y con una familia en formación, se instaló inicialmente en Camilo Aldao, provincia de Córdoba.
Poco tiempo después surgió la posibilidad de incorporarse al Hospital de Eduardo Castex. Atraído por la oportunidad laboral, se radicó en la localidad y desempeñó funciones en el sistema público de salud hasta mediados de la década del setenta.
Posteriormente decidió emprender el camino de la actividad privada. Pasó por Colonia Barón y luego se trasladó a la localidad bonaerense de Treinta de Agosto, donde montó un laboratorio propio y comenzó a consolidar su carrera profesional.
Sin embargo, el destino tenía preparada otra vuelta.
Durante una visita a Castex, recibió una propuesta de los médicos que impulsaban la reapertura de la Clínica Castex. Lo convocaron para formar parte del proyecto y poner en marcha el laboratorio dentro de la institución.
La respuesta fue afirmativa.
«Le propusieron asociarse y abrir el laboratorio dentro de la clínica. Decidió volver y ahí comenzó una etapa muy importante de crecimiento», recordó Juan Pablo.
Con el paso de los años, el laboratorio fue ampliándose y trasladándose a distintos espacios hasta llegar al edificio donde funciona actualmente, consolidándose como uno de los servicios de análisis clínicos más reconocidos de la localidad y la zona.
El legado continúa
En 2008, Juan Pablo Ferrero regresó a Castex luego de finalizar sus estudios y comenzó a trabajar junto a su padre.
Durante casi diez años compartieron el día a día del laboratorio, combinando experiencia y renovación generacional.
«Trabajamos juntos hasta 2017, cuando mi viejo decidió retirarse. Yo ya había quedado al frente del laboratorio algunos meses antes y desde entonces continúo con esta responsabilidad», explicó.
La transición se dio de manera natural, manteniendo los valores que caracterizaron siempre al laboratorio: la seriedad profesional, la cercanía con los pacientes y la búsqueda constante de actualización tecnológica.
Una profesión silenciosa pero fundamental
Aunque muchas veces su trabajo transcurre lejos de la exposición pública, los bioquímicos cumplen una función clave dentro del sistema sanitario.
Gran parte de las decisiones médicas se apoyan en los resultados que se generan en los laboratorios, lo que convierte a la bioquímica en una herramienta indispensable para la prevención, el diagnóstico y el seguimiento de enfermedades.

Juan Pablo reconoce que la tecnología avanzó enormemente en los últimos años, aunque también advierte sobre los desafíos económicos que implica mantenerse actualizado.
«Tratamos siempre de estar cerca de la tecnología que necesita un laboratorio de nuestra complejidad. Hay estudios que deben derivarse porque requieren equipamiento muy costoso y un volumen de trabajo que en una localidad como la nuestra no se justifica. Pero siempre buscamos brindar la mejor respuesta posible», señaló.
También destacó el trabajo conjunto que existe entre los distintos laboratorios privados y el Hospital Pablo F. Lacoste.
«Tenemos muy buena relación entre colegas. Nos ayudamos, nos complementamos cuando surge algún inconveniente técnico y trabajamos pensando en que los vecinos tenga respuestas. Eso es lo más importante», afirmó.

El reconocimiento de la gente
La pandemia de COVID-19 puso en primer plano el trabajo de muchos profesionales de la salud que habitualmente desarrollan sus tareas detrás de escena. Los bioquímicos fueron parte de ese enorme esfuerzo colectivo.
Juan Pablo colaboró activamente durante aquellos meses complejos y recuerda esa experiencia como una etapa muy particular. Sin embargo, asegura que el reconocimiento más valioso llega todos los días de parte de los vecinos.
«Hoy me escribieron y me saludaron muchas personas. Eso alegra. Uno se siente reconocido», expresó.
Y agregó una reflexión que resume el espíritu de la profesión:
«La gente nos elige por muchas cosas. Por la confianza, por la calidad del trabajo, pero también por la charla, por el trato humano. Muchas veces el vínculo con el paciente va mucho más allá de un análisis clínico.»

Medio siglo al servicio del pueblo
Cincuenta años después de aquel primer paso que dio Néstor Ferrero, el laboratorio continúa siendo parte de la vida cotidiana de Eduardo Castex.
Miles de estudios realizados, generaciones de familias atendidas y una vocación que se mantiene intacta son parte de una historia construida con esfuerzo, compromiso y cercanía.
En este Día del Bioquímico, el reconocimiento alcanza a todos los profesionales que desempeñan esta tarea esencial para la salud, pero también encuentra un símbolo local en la historia de Néstor y Juan Pablo Ferrero: dos generaciones unidas por una misma pasión y por el compromiso de acompañar, desde el laboratorio, la salud de toda una comunidad.


















