Con un gran despliegue de bailarines, coreografías cuidadas y un fuerte mensaje identitario, el espectáculo propuso un recorrido simbólico por los orígenes de Eduardo Castex y el trabajo que dio forma a la localidad. La puesta comenzó con la llegada de Alberto Eduardo Castex, agrimensor que arribó a estas tierras, y su encuentro con los labradores, los obreros y las familias que trabajaron la tierra y forjaron el pueblo.
Desde la agrupación explicaron que la intención fue ofrecer una mirada distinta, acompañando el relato con textos profundamente arraigados en la historia local. Para ello convocaron a Leo Aicardi y Pablo Bono, quienes escribieron los versos que presentaron cada puesta en escena y cada danza. Los autores eligieron reflejar a vecinos de Eduardo Castex, personas con las que crecieron y compartieron barrio y vivencias.
En los relatos cobraron vida figuras representativas del trabajo cotidiano: Domingo Silvestro, bolsero; Olegario Bazán, palero; Guido Botero, quien hombreaba las bolsas; y Juan Suppo, panadero. A través de sus historias, la puesta buscó mostrar el camino del trigo, desde el campo hasta el pan que llega a la mesa de las familias.

El espectáculo se destacó también por la diversidad de sus integrantes, con bailarines desde los tres años hasta jóvenes y adultos, reforzando la idea de transmisión cultural entre generaciones. Una apertura que no solo deslumbró por lo artístico, sino que emocionó por su contenido, reafirmando el valor del trabajo, la identidad y la memoria en el corazón de la Fiesta del Trigo.
























