En marzo, el tradicional comercio llegará a sus 83 años de vida, y lo hará con un nuevo capítulo que honra el pasado y mira al futuro. Luca Bottino asumió la conducción de la tienda, dando paso a la tercera generación de una familia que supo construir, a fuerza de trabajo y constancia, uno de los comercios más emblemáticos de la localidad.
La transición no fue improvisada. “Yo ya hace 12 o 13 años que estoy acá”, cuenta Luca, dejando en claro que el recambio fue natural, hablado y sentido. Como suele ocurrir en los negocios familiares, soltar cuesta. «Tato», su padre —referente indiscutido durante décadas— todavía se acerca, comparte mates, observa. Pero el paso ya está dado. La responsabilidad, también.
Luca tiene claro el rumbo: mantener la esencia. Continuar con el rubro histórico, con la mercadería que buscan los clientes de toda la vida, sin correrse de la línea que hizo grande a Tienda Casa Bottino. Renovarse, sí; perder identidad, no. “Lo clásico es lo que se vende hoy”, resume con la sencillez que lo caracteriza.


En este nuevo comienzo, hay presencias que son parte inseparable de la historia. Silvia Fernández acompaña a Luca en esta etapa y vuelve a la tienda con la energía intacta. Hace muchos años que trabaja junto a la familia Bottino, fue —y es— una de las responsables de las vidrieras que marcaron épocas, estaciones y recuerdos. “Una vida acá dentro”, dice, y no exagera: tres generaciones, un mismo lugar, una misma dedicación.
La reapertura y continuidad despertaron emociones profundas. Vecinos que se acercaron a saludar, clientes que confesaron haber temido el cierre, personas que se emocionaron hasta las lágrimas al ver la persiana levantarse una vez más. Porque cuando un comercio histórico baja definitivamente sus puertas, el pueblo se apaga un poco. Y Tienda Casa Bottino es mucho más que un negocio: es rutina, referencia, charla de mostrador y pertenencia.

A ese sentimiento se sumó el apoyo de la gente de Eduardo Castex y de los pueblos de alrededor. Clientes de siempre, familias enteras, trabajadores y vecinos que eligieron expresar su acompañamiento, su alivio y su alegría por esta continuidad. Cada palabra, cada gesto, confirmó que la tienda forma parte de la identidad colectiva y que su historia también es la historia de quienes la eligieron durante décadas.
El edificio, con más de 100 años, guarda en sus paredes el paso del tiempo. Afuera, el pueblo cambia; adentro, la esencia permanece. Luca lo sabe: los contactos están, la historia está, la clientela está. Ahora toca meterle, aprender de los golpes, agradecer a quienes estuvieron y están —su familia, Silvia y los clientes— y seguir adelante.

Casa Bottino no empieza de cero. Sigue. Y en ese seguir hay algo profundamente emotivo: la certeza de que algunas tradiciones no se terminan. Se heredan, se cuidan y se sostienen entre todos.


















