La empresa mantiene sus plantas prácticamente sin actividad y adeuda salarios. Sus empleados reclaman respuestas en medio de la crisis productiva.
Esta vez, el epicentro es Lácteos Verónica, una firma con décadas de trayectoria que hoy mantiene sus plantas prácticamente paralizadas, con salarios adeudados y cientos de trabajadores sin certezas sobre su futuro.
En Lehmann, Suardi y Clason el panorama es desolador, ya que las líneas de producción se encuentran detenidas, hay falta de insumos y no tienen materia prima.

La leche ya no ingresa con normalidad y los productos, que supieron tener fuerte presencia en góndolas, desaparecieron del mercado. El parate no solo impacta en la empresa, sino también en la economía de la zona que depende de su funcionamiento.
Otra industria en crisis: 700 empleos en riesgo en Lácteos Verónica
La bronca de los operarios crece a la par de la incertidumbre. “Nos depositaron $20.000. Eso no alcanza para nada. Necesitamos respuestas concretas”, expresó uno de los trabajadores durante una protesta frente a la planta principal.
Reclaman el pago de salarios atrasados correspondientes a diciembre y enero, además del aguinaldo incompleto y montos parciales que no cubren ni lo básico.
Detrás del conflicto aparece un escenario más amplio: caída del consumo, desplome en la producción y falta de políticas que amortigüen el golpe sobre las economías regionales.
En 2024, la producción láctea nacional retrocedió y el consumo interno también mostró fuertes bajas, en un contexto de costos crecientes y financiamiento restringido.
Para los trabajadores, la ausencia de medidas concretas agrava un cuadro que ya era delicado.
La empresa había iniciado meses atrás un procedimiento preventivo de crisis ante la Secretaría de Trabajo, con la promesa de reestructuración. Igualmente, la actividad continuó deteriorándose.
De procesar alrededor de 800 mil litros diarios, la firma pasó a trabajar con poco más de 300 mil, lo que generó una capacidad ociosa insostenible y compromisos financieros difíciles de afrontar.
Mientras tanto, la posibilidad de una venta aparece como única alternativa para sostener las fuentes laborales. Desde el gremio ATILRA mencionaron contactos con eventuales interesados, aunque hasta el momento no se formalizó ninguna operación.
En los pueblos donde funcionan las plantas, el impacto ya se siente al haber menos movimiento comercial, incertidumbre en proveedores y preocupación generalizada.

















