Gallo había sido arrestado en diciembre de 2024 cuando ingresó a territorio venezolano para visitar a su familia. Durante su detención permaneció alojado en la prisión de El Rodeo I, ubicada en las afueras de Caracas, sin acceso regular a asistencia consular ni comunicación fluida con sus allegados.
El regreso se concretó mediante un vuelo privado que partió desde Caracas y fue gestionado con la intervención de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en coordinación con la Federación Venezolana de Fútbol, en el marco de gestiones humanitarias y diplomáticas que permitieron destrabar la situación.
En la terminal aérea también estuvieron presentes funcionarios nacionales, entre ellos la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quienes siguieron de cerca el caso durante los últimos meses.
La detención de Gallo había generado preocupación en el ámbito diplomático y político argentino, especialmente por las condiciones de reclusión y la falta de información oficial durante gran parte del proceso. Con su llegada al país, el efectivo quedó nuevamente bajo jurisdicción argentina y podrá reencontrarse con su familia tras más de un año de cautiverio.
El caso vuelve a poner en foco las tensiones diplomáticas entre Argentina y Venezuela y abre interrogantes sobre las circunstancias que rodearon la detención y posterior liberación del gendarme argentino.









