Según datos difundidos por la Asociación Argentina del PVC (AAPVC), aproximadamente el 70% del PVC producido a nivel mundial se destina a la construcción, principalmente en tuberías, conexiones, aberturas, revestimientos y cables. Una de sus principales ventajas es su larga vida útil y la posibilidad de ser reciclado varias veces sin perder propiedades esenciales.
Desde la entidad remarcaron que cerca del 85% de los productos fabricados con PVC tienen una duración de entre 15 y 100 años, lo que convierte al material en un aliado estratégico dentro de los modelos de producción sustentable. “La reutilización del PVC es un componente fundamental en el mercado de la economía circular”, señaló Miguel García, director ejecutivo de la AAPVC.
En Argentina, distintas empresas comenzaron a invertir en tecnología e infraestructura para incorporar el reciclaje en sus procesos productivos. Entre los casos destacados aparecen Muchtek, con una planta de reciclaje propia en Buenos Aires; Veka, que impulsa programas de recolección de despuntes; el grupo Erpla, que recupera hasta 20 toneladas mensuales de PVC; y PVC Tecnocom, que reutiliza el material para fabricar mangueras de riego.

Desde el sector privado sostienen que el reciclaje posindustrial se convirtió en el principal motor de recuperación del PVC en el país, no solo por cuestiones ambientales, sino también como una ventaja competitiva frente a las nuevas exigencias del mercado.
Sin embargo, aún persisten desafíos importantes. El reciclaje posconsumo enfrenta problemas vinculados a la separación de residuos, los costos logísticos y la necesidad de tecnologías específicas para recuperar PVC mezclado con escombros de la construcción. Por ello, entidades como Ecoplas y CAIRPLAS impulsan una Ley de Responsabilidad Extendida del Productor para mejorar la gestión integral de residuos.
Actualmente, Argentina ocupa el quinto lugar en América Latina en cantidad de proyectos registrados bajo estándares LEED de construcción sustentable, con más de 400 iniciativas. En ese escenario, el PVC reciclado aparece como una herramienta clave para mejorar la eficiencia energética y reducir emisiones de carbono en futuras obras.




















