Cuando habla desde Irlanda, donde actualmente desarrolla una nueva temporada laboral, Gonzalo conserva la sencillez de siempre. Sin embargo, detrás de esa humildad hay años de preparación, kilómetros recorridos y una trayectoria que comenzó mucho tiempo atrás, en la Escuela Superior de Danzas Kimey de Eduardo Castex, que dirige su mamá Alejandra Rovira.
«Soy Gonzalo Santander, tengo 30 años y hago danza desde los cinco años. Empecé con folclore y después seguí con danza contemporánea, jazz y danza clásica», relató durante una entrevista exclusiva con CastexOnline.
Su camino artístico lo llevó primero a Buenos Aires y posteriormente a San Juan, donde continuó perfeccionándose profesionalmente. Más tarde llegó una de las decisiones más importantes de su vida: emigrar a Europa para buscar nuevas oportunidades.


Del Teatro San Martín a Europa
Antes de cruzar el océano, Gonzalo ya había logrado destacadas experiencias en escenarios argentinos.
«Trabajé con la compañía del Teatro San Martín y también en el Teatro Bicentenario», recordó.
Luego llegó España, donde integró la Compañía Contemporánea de Cataluña durante más de un año. Sin embargo, el destino todavía le tenía preparada una transformación profesional inesperada.
Lo que comenzó como una carrera exclusivamente ligada a la danza derivó en una nueva pasión: el mundo del circo.
«Mi idea siempre fue trabajar solamente como bailarín. Pero cuando llegué a Europa conocí gente que hacía acrobacias y trabajaba en circos. Empecé a involucrarme en ese ambiente y descubrí algo que realmente me gustó», explicó.

Un artista independiente que crea sus propios espectáculos
Actualmente Gonzalo trabaja junto a su pareja y otro artista, formando un equipo creativo que desarrolla espectáculos propios.
«No dependemos de una empresa. Nosotros creamos el número, hacemos la coreografía, pensamos el vestuario, conseguimos los elementos y después ofrecemos ese producto a los circos o a quienes quieran contratarlo», detalló.
Entre las disciplinas que realiza se encuentran los números aéreos con aro y el denominado CirWheel, una estructura metálica circular que requiere gran preparación física, coordinación y precisión.
La vida artística exige además una rutina de entrenamiento constante.
«Antes de cada función hacemos calentamiento, preparación física, maquillaje y revisamos todo el equipamiento. Como trabajamos con elementos aéreos, siempre hay que controlar que todo esté en perfectas condiciones porque cualquier falla puede provocar una lesión grave», explicó.
Una vida sobre ruedas por toda Europa
Gracias a esta actividad, el castense ya recorrió una extensa lista de destinos europeos.
Su itinerario incluyó España, Portugal, la isla de Madeira, Francia e Irlanda, mientras que próximamente continuará trabajando en Alemania.
«Siempre estamos moviéndonos. A veces cerramos contratos con muchos meses de anticipación y otras veces los planes cambian de una semana para otra. Es una vida muy dinámica», señaló.
La experiencia le permitió además conocer distintas culturas y públicos.
«Los españoles y portugueses son muy parecidos a los argentinos. Participan, aplauden y se involucran mucho con el espectáculo. Los franceses también son muy respetuosos. En Irlanda hay de todo, pero son más fríos y muy críticos; hay que hacer un show realmente bueno para que reaccionen», comentó entre risas.
El orgullo de una familia que apostó por los sueños
Uno de los momentos más emotivos de la charla llegó cuando habló de sus padres y de todo el esfuerzo realizado durante años para acompañar su crecimiento artístico.
«Imaginate que yo vengo diciendo desde los 11 o 12 años que quería hacer esto. Mi objetivo era viajar y conocer el mundo a través del arte. Ver ahora que lo estoy logrando es emocionante para mis viejos y para mí también», expresó.
Para Gonzalo, el respaldo familiar fue fundamental en cada etapa de su carrera.
«Venir de un pueblo tan chico y tener sueños tan grandes no es fácil. Por eso ver que hoy se están cumpliendo es algo muy especial para toda mi familia», afirmó.
El reconocimiento a la Escuela Kimey
Durante la entrevista, Gonzalo dedicó un párrafo especial a la institución donde se formó y al trabajo realizado durante décadas por su madre al frente de la Escuela Superior de Danzas Kimey.
«No es porque sea mi mamá, pero yo le debo todo. La escuela hace un trabajo increíble. Lo veo porque tuve la oportunidad de trabajar con artistas muy importantes y todos destacan algo que nosotros aprendimos ahí: la humildad y las ganas de seguir aprendiendo siempre», sostuvo.
Además, destacó que numerosos jóvenes surgidos de la escuela han logrado desarrollar carreras nacionales e internacionales.
«Siguen saliendo artistas impresionantes. Hay chicos que están viajando por Uruguay, Brasil, consiguiendo becas para venir a Europa. Eso habla del enorme trabajo que se hizo durante tantos años», señaló.
Lo que más extraña de Argentina
Aunque disfruta plenamente de su presente profesional, Gonzalo reconoce que hay cosas imposibles de reemplazar.
«Nunca dejás de extrañar Argentina. Se extrañan los amigos, la familia, las charlas, el mate, los asados y nuestra forma de relacionarnos», contó.
Incluso explicó que muchas veces el mate se transforma en un símbolo de identidad cuando se vive lejos.
«Acá en Europa, cuando ves a alguien tomando mate, automáticamente te acercás a hablar. Es mucho más que una bebida. Es una forma de encontrarse con otros argentinos», relató.
Un sueño que sigue creciendo
Lejos de conformarse con lo alcanzado, Gonzalo continúa proyectando nuevos desafíos. Cada nuevo contrato representa una oportunidad para aprender, crecer y sumar experiencias.
«La verdad es que estoy haciendo algo diferente a lo que imaginaba cuando llegué a Europa, pero estoy muy contento. Hoy puedo decir que hago lo que me gusta y disfruto muchísimo de esta vida», aseguró.
Mientras prepara nuevas presentaciones y se alista para continuar su recorrido por el continente europeo, Gonzalo Santander sigue llevando consigo el nombre de Eduardo Castex.
La historia de aquel niño que comenzó a bailar en una escuela local hoy se transforma en un ejemplo de perseverancia, demostrando que el talento, el esfuerzo y la pasión pueden abrir puertas en cualquier rincón del mundo.



















