La iniciativa busca modificar el marco legal vigente para permitir que estas carnes puedan venderse de manera formal en carnicerías y otros comercios, siempre bajo estrictos controles sanitarios y con la intervención de organismos competentes como el SENASA. Además, prevé simplificar los procesos de habilitación para productores y establecimientos elaboradores, sin reducir las exigencias bromatológicas.
Uno de los principales argumentos del Gobierno provincial es el impacto ambiental del jabalí europeo, considerado una de las especies exóticas invasoras más perjudiciales para la producción agropecuaria y los ecosistemas patagónicos. Desde la administración rionegrina sostienen que incentivar su aprovechamiento comercial podría convertirse en una herramienta complementaria para controlar su población.
El antecedente de Chubut
El proyecto rionegrino surge pocos meses después de que en Chubut comenzara una experiencia piloto con la comercialización de carne de burro. Allí se realizaron faenas experimentales, degustaciones abiertas y las primeras ventas al público, una iniciativa que generó tanto interés como polémica por tratarse de un alimento poco habitual en la dieta argentina.

Un debate que recién comienza
Mientras algunos sectores consideran que estas propuestas representan una alternativa productiva y sustentable para regiones donde la ganadería tradicional enfrenta dificultades, otros plantean reparos culturales y éticos respecto al consumo de especies no convencionales.
Si el proyecto obtiene aprobación legislativa, Río Negro podría convertirse en una de las primeras provincias argentinas en desarrollar un mercado formal de las denominadas «carnes salvajes», ampliando la oferta de proteínas disponibles para los consumidores y promoviendo nuevos modelos de aprovechamiento de recursos naturales.

















