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¿La Tierra está temblando más? La explicación del geólogo castense Camilo Ordóñez ante los últimos terremotos

En diálogo con CastexOnline, el geólogo castense Camilo Ordóñez analizó la sucesión de terremotos y sismos registrados recientemente en distintos puntos del planeta. Explicó cómo funcionan las placas tectónicas, descartó que los grandes eventos ocurridos en países distantes estén necesariamente conectados y remarcó que, por el momento, la ciencia no puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto. Además, llevó tranquilidad respecto de La Pampa: “Podemos llegar a sentir algún movimiento, pero un evento importante sería algo extraordinario”.

En las últimas semanas, las noticias sobre movimientos sísmicos se multiplicaron en distintos lugares del mundo. Colombia, Venezuela, Japón, Indonesia, Italia y España estuvieron entre los países alcanzados por terremotos o secuencias sísmicas de diferente magnitud.

La sensación que puede quedar al observar tantos episodios concentrados en un período relativamente corto es inevitable: ¿la Tierra está temblando más que antes o simplemente hoy nos enteramos de todo lo que ocurre?

CastexOnline dialogó sobre el tema con Camilo Ordóñez, geólogo oriundo de Eduardo Castex, graduado en la Universidad Nacional de La Pampa en 2019, quien explicó que la actividad sísmica forma parte de la dinámica permanente del planeta y que la mayor circulación de información también contribuye a que estos fenómenos tengan actualmente mucha más visibilidad.

“Cuando pasan los cuatro puntos o cuatro puntos y medio ya son sismos que se van a sentir. San Juan prácticamente se mueve todos los días, pero muchas veces son sismos que no percibimos”, explicó Ordóñez.

La situación es similar en Mendoza y en buena parte de la región cordillerana argentina.

“Todo lo que sea zona de cordillera y precordillera está afectado por las placas tectónicas, por el movimiento de las placas. Hay una actividad constante. Hay días que se siente y otros días que no”, señaló.

Colombia, Venezuela, Japón, España: ¿están relacionados?

Uno de los interrogantes planteados a partir de los últimos acontecimientos es si terremotos ocurridos casi simultáneamente a miles de kilómetros de distancia pueden tener relación entre sí.

Ordóñez fue claro al respecto: no existe evidencia científica para afirmar que un terremoto ocurrido en una región provoque necesariamente otro en un punto lejano del planeta.

“No hay evidencia científica y no lo creo porque son diferentes placas, no es la misma placa. Incluso si fuera la misma, el tamaño que tienen las placas es inmenso y no necesariamente estaría relacionado un evento con otro”, sostuvo.

Sí existe relación, explicó, entre un terremoto principal y las réplicas posteriores que se producen en la misma región.

“Después vas a tener réplicas que pueden ser importantes. Eso sí está relacionado con un evento principal”, indicó.

Los registros recientes permiten dimensionar el fenómeno. El 10 de agosto un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el oeste de Colombia, con epicentro próximo a San José del Palmar y a unos 110 kilómetros de profundidad, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). El movimiento provocó graves daños en ciudades del oeste colombiano y dejó cientos de víctimas.

Colombia venía además de observar con atención lo sucedido en Venezuela. El 24 de junio dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 golpearon el norte venezolano, especialmente el estado costero de La Guaira. Los movimientos ocurrieron con apenas segundos de diferencia y dejaron miles de víctimas y enormes daños materiales.

Ordóñez explicó que, aunque ambos países forman parte de una región tectónicamente compleja, los mecanismos no son exactamente iguales.

“Venezuela está relacionada con la interacción de la placa Sudamericana y la placa del Caribe, mientras que en Colombia tiene una fuerte incidencia la interacción entre la placa Sudamericana y la placa de Nazca”, explicó.

Japón, Indonesia y el Cinturón de Fuego

La actividad también tuvo episodios importantes del otro lado del Pacífico. El 28 de julio se produjo en la región japonesa de Kumamoto un terremoto de magnitud 6,8, a unos 10 kilómetros de profundidad. Japón se encuentra en una de las regiones tectónicamente más activas del planeta.

En agosto también se registraron movimientos de magnitud 6,3 en Filipinas y al sur de las islas Kermadec. Además, Indonesia sufrió recientemente un terremoto de magnitud 7,7 que provocó víctimas, evacuaciones y deslizamientos.

Buena parte de estos fenómenos se concentra alrededor del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, una enorme franja caracterizada por una intensa actividad sísmica y volcánica.

“Son bordes de placas que traen aparejada la formación de cordilleras, la actividad sísmica y la formación de volcanes”, explicó el geólogo castense.

También temblaron Italia y España

Europa tampoco estuvo ajena a la actividad reciente.

El 31 de julio, la zona de los Campos Flégreos, próxima a Nápoles, Italia, registró un terremoto de magnitud 4,7, localizado a solamente 2,6 kilómetros de profundidad. El Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia lo ubicó entre los movimientos de mayor energía registrados instrumentalmente en esa particular zona volcánica.

España, por su parte, atraviesa durante agosto una secuencia sísmica en Granada. El 15 de agosto un terremoto de magnitud 5,0 provocó daños en viviendas y vehículos. Tres días después se registraron nuevos movimientos superiores a magnitud 4, el mayor de ellos de 4,7, y posteriormente continuaron las réplicas.

Para Ordóñez, que estos acontecimientos aparezcan casi diariamente en los medios no significa necesariamente que exista una inédita cadena mundial de terremotos.

“Creo que tiene mucho que ver con el avance de los medios de comunicación. Una zona que hoy tiene actividad sísmica probablemente siempre tuvo actividad sísmica. Ahora tenemos muchísimo más acceso a esa información”, sostuvo.

Una rama que acumula tensión hasta quebrarse

Para explicar de manera sencilla cómo se origina un terremoto, Ordóñez utilizó una comparación cotidiana.

Las placas tectónicas se desplazan permanentemente, aunque lo hacen apenas unos centímetros cada año. El problema aparece cuando determinadas zonas quedan trabadas mientras el movimiento continúa y comienzan a acumular energía.

“Es como si vos doblaras una rama despacito. La vas doblando, la vas doblando y aparentemente no pasa nada. Pero llega un momento en que se quiebra y libera toda la energía”, describió.

Algo similar sucede debajo de nuestros pies.

“Las placas pueden trabarse durante cientos o miles de años y, en un momento, destrabarse. Toda esa energía se libera en segundos. No quiere decir que el evento se haya formado en ese momento: viene acumulando energía desde muchísimo tiempo antes”, agregó.

La energía liberada viaja entonces por el planeta en forma de ondas sísmicas, entre ellas las ondas P y S, hasta alcanzar la superficie y producir el movimiento que perciben las personas.

¿Se puede saber cuándo ocurrirá un terremoto?

La respuesta actualmente es contundente: no.

“Hoy por hoy no hay algo medido que permita identificar cuándo va a pasar un sismo para poder prevenirlo. No existe”, afirmó Ordóñez.

Los sistemas instrumentales pueden detectar rápidamente el comienzo de un terremoto y, dependiendo de la distancia entre el epicentro y las ciudades, los sistemas de alerta temprana pueden proporcionar segundos de anticipación antes de que lleguen las ondas más destructivas. Pero eso es diferente de predecir con días, meses o años de anticipación cuándo y dónde ocurrirá un terremoto.

Por eso, explicó el profesional castense, la principal herramienta para reducir las consecuencias sigue siendo otra.

“La única prevención que hay hoy en día en esas zonas es la construcción antisísmica”, afirmó.

A ello se suma la preparación de la población y los protocolos de emergencia. La diferencia en infraestructura, calidad constructiva y capacidad de respuesta puede explicar por qué terremotos de magnitudes similares generan consecuencias completamente diferentes de un país a otro.

¿Y La Pampa?

Para quienes viven en Eduardo Castex y el resto de La Pampa, Ordóñez llevó tranquilidad.

“Nosotros acá en la provincia podemos llegar a sentir algún movimiento”, explicó, particularmente ante terremotos importantes producidos en regiones relativamente cercanas.

Sin embargo, la situación pampeana es muy diferente de la existente en San Juan, Mendoza o las provincias ubicadas sobre la franja cordillerana.

“Acá no sería de mucha utilidad hacer una construcción antisísmica. Si podemos llegar a tener algún evento extraordinario, sería precisamente eso: extraordinario. No es algo que pueda ocurrir con normalidad en nuestra zona”, señaló.

“La Tierra está en constante movimiento”

Ordóñez también viene utilizando las redes sociales para divulgar conocimientos de geología y explicar de manera sencilla fenómenos que habitualmente resultan complejos.

En uno de esos contenidos recuerda que la superficie terrestre no constituye una única estructura rígida, sino que está dividida en grandes placas que permanecen en movimiento. Su interacción no solamente produce terremotos: también está vinculada con volcanes, tsunamis y con la formación de grandes cadenas montañosas como los Andes.

Y frente a la sucesión de terremotos que vuelve a colocar al tema en las noticias internacionales, el geólogo castense propone mirar el fenómeno con perspectiva científica.

La Tierra siempre se movió. Los instrumentos actuales permiten registrar movimientos que décadas atrás podían pasar inadvertidos y las comunicaciones hacen posible conocer en cuestión de segundos un terremoto ocurrido al otro lado del planeta.

Por eso, varios sismos importantes ocurridos durante un período relativamente corto no constituyen por sí mismos evidencia de que todos estén conectados ni de que se aproxime un terremoto en Argentina.

La ciencia todavía no puede indicar el día y la hora del próximo gran sismo. Sí puede estudiar las zonas de riesgo, mejorar los sistemas de alerta y, sobre todo, ayudar a construir ciudades y sociedades mejor preparadas.

“Por más que avancemos en ciencia y tecnología, hay fenómenos de la naturaleza que no podemos detener”, reflexionó Ordóñez. “Lo que sí podemos hacer es comprenderlos mejor, prepararnos y aprender a convivir con ellos”.