Desde la gestación, merece especial atención la calidad y cantidad de la alimentación de la mujer, para contribuir a la adecuada formación de órganos y sistemas del niño, y favorecer el normal crecimiento y desarrollo, a partir de los nutrientes que recibe de su madre.
A lo largo de toda la vida, el tipo de alimentación adoptado puede prevenir o favorecer la aparición de enfermedades crónicas (sobrepeso, obesidad, diabetes, aterosclerosis, etc) y de otras complicaciones por carencias (osteoporosis, desnutrición, anemias) o por excesos de determinados nutrientes (por ej: hipertensión arterial producida por un elevado consumo de sodio).
Según Pedro Escudero (considerado como “el padre de la Nutrición”), un régimen normal es el que permite al individuo perpetuar a través de varias generaciones los caracteres biológicos del individuo y de la especie; es aquél que cubre los requerimientos calórico- proteicos (suficiente); que aporta todos los principios nutritivos (completo); que es proporcionado (armónico) y que se adecua a las necesidades y particularidades de cada individuo según el momento biológico por el que esté atravesando (adecuado).

Además de lo antedicho, la finalidad de una correcta alimentación consiste en mantener constante el medio interno, la composición de tejidos y humores del organismo; asegurar la reproducción favoreciendo la lactancia materna y originar una sensación de bienestar que impulse al individuo a la actividad, entre otras.
Al hablar de una adecuada alimentación, se debe mencionar –por supuesto- a los responsables de ella: los alimentos, que están compuestos por agua; por tres sustancias llamadas principios inmediatos o MACRONUTRIENTES, que son los carbohidratos, las proteínas y las grasas; y de otras sustancias nutritivas constituidas por vitaminas y minerales (MICRONUTRIENTES). La proporción en que se encuentran cada uno de estos elementos nutritivos en los alimentos naturales es muy variable, y la función que cada uno de ellos cumple en el organismo, es fundamentalmente distinta.
Por lo tanto, desde el punto de vista funcional, los alimentos se clasifican en tres grandes grupos:
- Alimentos Energéticos: son aquellos en los que predominan los carbohidratos y las grasas, porque suministran el material necesario para la producción de energía. Serían fundamentalmente el “combustible” que requiere el organismo para funcionar.
- Alimentos Plásticos o Formadores: son los que tienen predominio de proteínas, para la formación de nuevos tejidos (crecimiento en niños) o reparación del desgaste continuo de los ya existentes (adultos), “equivalen a los materiales de construcción de un edificio”; y de calcio, mineral muy importante en la formación y reparación de huesos y dientes.
- Alimentos Reguladores: minerales (hierro, yodo, magnesio, cloro, sodio, potasio, etc), vitaminas, y muchos de los aminoácidos contenidos en las proteínas cumplen ciertas funciones de regulación de procesos metabólicos esenciales al organismo.
Así, a modo práctico, los alimentos que pertenecen al 1° grupo, son básicamente los cereales y derivados, las legumbres, los azúcares, y las grasas y aceites; dentro del 2° grupo se encuentra la leche y sus derivados, las carnes y los huevos; y como alimentos reguladores, las frutas y las verduras.
Para lograr un estado saludable, es recomendable que la alimentación sea variada, por lo que es indispensable incorporar en la dieta diaria por lo menos uno o dos alimentos de cada grupo:
- Cereales, granos, harinas y derivados.
- Vegetales frescos.
- Frutas frescas.
- Carnes de todo tipo y huevos.
- Leche y derivados.
- Grasas y azúcares en pequeñas porciones.
- Agua potable, apta para el consumo humano.
Son consejos de:
Lorena Piorno
Lic en Nutrición
MP 2376
CEMEC Avda Independencia 1471
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