A los 90 y más: historias que laten fuerte en las colonias del Pro Vida

Hay edades que no se miden en años sino en ganas. En las colonias de vacaciones del Pro Vida, cada mañana vuelve a confirmarse esa certeza: el tiempo puede pasar, pero la energía, el entusiasmo y el deseo de compartir siguen intactos. Así lo demuestran cuatro mujeres extraordinarias —dos hermanas de General Acha y dos vecinas de Rancul— todas mayores de 90 años, que participan activamente de las propuestas recreativas y se convierten, sin buscarlo, en inspiración para toda la comunidad.

Entre ellas se destaca Roberta Inares, con 97 años, la persona más longeva que asiste a las colonias del Pro Vida en toda La Pampa. Su presencia, serena y vital, es un símbolo: demuestra que el movimiento, el encuentro y la alegría no tienen fecha de vencimiento.

Hermanas, compañeras y ejemplo de vida

Roberta nació el 7 de junio de 1928. A su lado está su hermana Lidia, de 94 años, nacida el 3 de agosto de 1931. Juntas participan de todas las actividades del Cumelén “Zenona Antequera” de General Acha. No faltan a los juegos de mesa, a las cartas, a los ejercicios guiados ni a los momentos compartidos con el grupo. También disfrutan de la pileta baja y, cuando hay música, se suman al baile con una sonrisa que contagia.

“Realizan todas las actividades previstas: juegos, ejercicios y hasta Zumba”, contó la secretaria de Desarrollo Humano y Educación, Mirta Schefer, quien no oculta la emoción al hablar de ellas. Acompañadas por la coordinadora Lorena Arriola y la auxiliar Olga Lihuor, las hermanas despliegan una vitalidad que asombra. De origen rural, con una vida de trabajo desde muy jóvenes, Roberta y Lidia son, como define Schefer, “tesoros achenses y parte viva de nuestra historia”.

Rancul también brilla con sus “estrellas”

En Rancul, la colonia del Pro Vida tiene su propio orgullo. Allí, Luisa Massano (90) y Berta Molina (92) participan durante todo el año de las actividades del Cumelén y, en verano, disfrutan especialmente de la pileta del balneario. “Tienen una vitalidad increíble y contagian alegría a todo el grupo”, resume Griselda Coopis, encargada de las actividades.

Durante el ciclo anual, 27 personas mayores concurren al Cumelén de Rancul; en verano, unas 15 —todas mujeres— continúan con la colonia. Luisa y Berta no faltan nunca. Berta, ex enfermera, es muy querida en el pueblo; Luisa, que trabajó toda su vida en casas de familia, recibe el cariño permanente de su familia y amigos. Ambas llegan temprano, comparten el desayuno, se meten a la pileta, juegan a las cartas, hacen gimnasia, caminan, charlan y ríen.

“Entre ellas son muy compinches”, cuenta Coopis. “Se acompañan en todo y disfrutan juntas cada mañana”. El cuidado también es parte central de la propuesta: chequeos preventivos, hidratación constante y colaciones saludables forman parte de una rutina pensada para el bienestar integral.

Mucho más que una colonia

Las actividades de verano concluirán el viernes 30 con un acto de cierre y una fogata al estilo campamento. Será una celebración del encuentro, del cuidado y de la vida compartida. Porque en estas historias no hay récords ni títulos: hay personas que, con más de nueve décadas a cuestas, siguen eligiendo moverse, reír, bailar y estar con otros.

Y eso, en cualquier edad, es un verdadero logro.