El ajuste promedio del 18,7 se ubicaría unos puntos por debajo de la inflación anual, estimada en alrededor del 24 por ciento.
Matices
El cuadro adjunto muestra los 20 sitios de alojamiento relevados por las corresponsalías de este diario. En cada localidad, de todos modos, hay precios por encima y por debajo de los citados, que sólo son indicativos para dar cuenta de la evolución de un año a otro.
En cabañas para cuatro personas, por ejemplo, se podrán conseguir desde los 1.100 a los 5.500 pesos por día, dependiendo de la infraestructura y los servicios que ofrezcan. Van desde las que no tienen piletas ni desayuno, hasta las que suman piscinas climatizadas, mucamas, spa, campos de deportes y hasta cancha de golf. En el medio, hay de todo.
Para hoteles, en tanto, una habitación doble en categoría tres estrellas (con pileta y desayuno) puede encontrarse entre los 1.400 y los 2.400 pesos pesos por noche en enero.
La suba promedio del 18,7 es menor a la de los dos años anteriores, cuando idéntico relevamiento arrojó ajustes del 31,5 y 30,1 por ciento.
Si la comparación se estira varios años aparecen números que asombran. Por caso, la misma cabaña de Nono que en 2009 cobraba 300 pesos por noche, en 2018 costará 2.300 pesos. El aumento es de 667 por ciento en nueve años.
A la vez, la misma habitación para dos del hotel tres estrellas de Villa Carlos Paz que en 2009 costaba 320 pesos, en enero de 2018 saldrá 1.950 pesos, con un incremento del 510 por ciento.
La fijación de precios turísticos no está regulada: cada operador los establece por su cuenta. En los últimos años, con la competitividad más apretada, desde el área de Turismo de la Provincia y de varios municipios se han insinuado “sugerencias”. Semanas atrás, cuando las tarifas empezaban a ser fijadas, el titular de la Agencia Córdoba Turismo, Julio Bañuelos, señaló a este diario que el incremento promedio rondaría “entre un 15 y 20 por ciento” respecto del verano pasado.
Entre hoteleros y cabañeros, ya aparecían algunos que calculaban aplicar un 10 y otros que dibujaban un 30 por ciento.
“En una reunión, les pedimos que no se disparen con los precios. Que tratemos de estar más cerca del 15 que del 20 por ciento de ajuste en alojamiento. Y en gastronomía también pedimos que cuidemos a los clientes, que nadie se descuelgue con precios que nos generen quejas”, comentó a este diario una directora de Turismo del valle de Calamuchita.
Desde las cámaras que agrupan a hoteleros y cabañeros se plantea que los ajustes están, desde hace varios años, por debajo de la inflación anual. El punto es que se entremezclan establecimientos que ajustan por debajo y otros que lo hacen por encima de ese índice.
“Hay mucha competencia, cada vez más oferta disponible para el turista, adentro y afuera del país. Con los precios intentamos, al menos, no quedar tan atrás de la suba de costos”, remarcó un dueño de cabañas en Punilla.
“La rentabilidad del sector viene disminuyendo desde hace años, pero si actualizamos según los costos reales bajaría la demanda, porque el público que llega a las Sierras anda con los bolsillos flacos”, apuntó un hotelero de La Falda.
Desde Traslasierra, el dueño de un tradicional camping admitió que aún duda de la tarifa a fijar: “Hoy tenemos el mismo precio que en el verano pasado. Desde enero tendremos que aumentarlo porque todos los costos se fueron para arriba y los números no cierran, pero es complicado porque la gente anda con la calculadora sacando cuentas y viendo cómo gasta lo menos posible”, indicó.