«Acá hace rato que ya hay bastante gente. Aunque Argentina no juega en Miami, se siente muchísimo el Mundial», contó Blanca en diálogo con CastexOnline. Y no exagera. En la ciudad estadounidense existe una zona conocida como «la pequeña Argentina», donde las banderas celestes y blancas comienzan a multiplicarse en balcones, autos y comercios.
La castense describe una atmósfera que crece día a día. «Vas por la calle y ves camionetas con banderas argentinas, gente con camisetas de la Selección. Hay argentinos por todos lados, pero también venezolanos, ecuatorianos, peruanos y muchos otros latinos que viven el fútbol con pasión», relató.
Uno de los momentos que más la sorprendió ocurrió durante una jornada en la playa.

«Fuimos a pasar el día y nos encontramos con una cantidad impresionante de argentinos. Había bombos, banderas, cantos. Todavía ni había empezado el Mundial y parecía una fiesta. Pensé: si ahora es así, imaginate cuando empiece a jugar Argentina».

El efecto Messi
Para Blanca, gran parte de esta pasión renovada tiene una explicación clara: Lionel Messi.
«Acá en Estados Unidos recién ahora se está viviendo un poco más el fútbol gracias a Messi. Antes el fútbol no tenía tanta importancia. Ellos están acostumbrados al fútbol americano. Ahora ves haitianos, chinos, coreanos, cubanos, todos con camisetas de Messi o de Argentina. Es increíble».
Incluso contó que en alguna oportunidad pudo verlo de cerca.
«Lo vi a pocos metros. Es una persona muy humilde. Si puede sacarse una foto o saludar, lo hace. Por eso la gente lo quiere tanto».
Un sueño llamado Miami
Como tantos argentinos repartidos por el mundo, Blanca tiene una ilusión que la acompaña durante todo el torneo.
«Yo lo único que ruego es que Argentina clasifique. Dicen que si sigue avanzando podría jugar acá en Miami. Sería un loquero y Dios quiera que pueda estar ahí».
Sin embargo, reconoce que asistir a los partidos no es sencillo.
«Las entradas son carísimas. La más barata puede costar entre 1.500 y 2.000 dólares. Después tenés que sumar hotel, comida y viaje. Es muchísimo dinero».
Aun así, la esperanza permanece intacta.
«Yo digo que vamos a estar ahí. Y si ganamos, mejor todavía».

Castex sigue estando presente
Aunque hace varios años que no visita Eduardo Castex, Blanca conserva recuerdos imborrables de la localidad donde vivió gran parte de su vida.
«Hay mucha gente que recuerdo con cariño. Los Bongiovanni me abrieron las puertas cuando llegué y me dieron mi primer trabajo. Tengo recuerdos hermosos de mis compañeros, de toda esa etapa».
También guarda en la memoria las tardes futboleras en Racing Club.
«Con Cristina Díaz trabajábamos en el restaurante, terminábamos de ordenar todo y salíamos corriendo para la cancha de Racing. Eso acá no lo puedo hacer. Extraño mucho esas cosas».

La argentina que contagia pasión en un hospital de Miami
Actualmente Blanca trabaja en el Jackson Memorial Hospital, uno de los centros médicos más grandes de Miami. Allí también se las ingenia para llevar la pasión mundialista a los pasillos.
Entre risas, recordó una anécdota inolvidable durante la última Copa del Mundo.
«Llevé cornetas y chifles para algunos pacientes mayores que viven en el hospital. Cuando jugaba Argentina todos hacían ruido. El administrador apareció preguntando de dónde habían salido tantos futboleros y enseguida dijo: ‘Seguro que fue Blanquita’. Soy la única argentina que hay ahí».
A miles de kilómetros de Eduardo Castex, Blanca sigue siendo la misma de siempre: trabajadora, apasionada y orgullosamente argentina.
Esta noche, cuando la pelota empiece a rodar y la Scaloneta salga a defender la ilusión de todo un país, habrá una castense alentando desde Miami con el mismo sentimiento de aquellos domingos en Racing.
Porque las distancias pueden ser enormes, pero hay pasiones que nunca conocen fronteras.

















