El consumo de sodio en los niños – Consejos de la Licenciada en Nutrición Lorena Piorno
Desde los principios de la civilización humana, la sal (cloruro de sodio) ha sido considerada un elemento clave en su asociación a los alimentos que consumimos, ya sea en lo que respecta a su preservación (salar los alimentos), como en su preparación para consumo (sazonarlos).
Pero también con el paso del tiempo, el mejor conocimiento de las causas de las enfermedades y el progresivo cambio de nuestros patrones dietéticos, el consumo excesivo de sal ha sido reconocido como un elemento de riesgo presente y futuro en el desarrollo de hipertensión arterial, un factor clave en la mayoría de las enfermedades cardiovasculares, las que junto con el cáncer, son la principal causa de mortalidad en población adulta como la nuestra. A lo largo de la historia, numerosos estudios clínicos en las últimas décadas han demostrado que el riesgo de hipertensión arterial asociado al consumo de sal se inicia precozmente en la vida, incluso en etapa pre-escolar.
En nuestro país se estima que el consumo de sodio es más del doble del recomendado, especialmente debido al alto consumo de productos procesados que contienen sal o aditivos con sodio. En este sentido, es clara la necesidad de estimular que la gente adquiera el hábito de revisar tanto la información como la lista de ingredientes en la etiqueta de los alimentos, e incentivar la selección de aquellos que contienen menos sodio. Los ingredientes que deben ser buscados como con alto contenido de sodio son: sal, polvos de hornear, bicarbonato de sodio, glutamato monosódico (MSG), benzoato de sodio, nitrato de sodio, levaduras en polvo, y cualquier ingrediente que incluya la palabra “sodio”.
Según la Academia Americana de Pediatría, las recomendaciones diarias de Sodio serían:
De 1 a 3 años: < 1.500 mg.
De 4 a 8 años: < 1.900 mg.
De 9 a 13 años: < 2.200 mg
De 14 a 18 años: < 2.300 mg
Lo salado es un gusto adquirido que puede ser evitado acostumbrando a nuestros niños a evitar su consumo excesivo desde pequeñitos. Algunos consejos prácticos:
Lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de vida.
Evitar consumo de “alimentos salados” (ej.:maní salado) o que para prepararlos se requiere mucha sal (ej.: fiambres y embutidos).
Disminuir la cantidad de sal con que se cocina o que se le agrega a los alimentos ya servidos en la mesa. No llevar el salero a la mesa.
Estimular el consumo de frutas, verdura, legumbres y cereales integrales.
Evitar las comidas preparadas y “rápidas”.
Los alimentos con mayor contenido en sodio son: los quesos, los alimentos en conserva, los caldos concentrados, la salsa de soja, los fiambres y embutidos, los polvos instantáneos y los elementos de “picoteo” (maní, galletitas, etc). La cantidad de sodio contenido en hamburguesas y papas fritas de locales de comida rápida, no consignadas en esta lista, sobrepasa por lejos lo recomendable para una nutrición saludable. Los padres y educadores de salud tenemos un rol de modelaje muy importante a través de nuestro propio comportamiento dietético, entendiendo que el mensaje “haz lo que yo hago” siempre será mejor comprendido que el “haz lo que yo digo”.
La OMS recomienda que el consumo medio de sal por día se sitúe en torno a los 5 gramos, algo muy alejado de la realidad en la dieta española, ya que hasta se duplica, como mínimo, esa cantidad. Muchos países ya han incorporado diferentes estrategias para reducir el consumo de sal, por ejemplo la iniciativa española que logró reducir hasta dos gramos de sal en el contenido de cada kilo de pan, y los consumidores no lo apreciaros en el paladar.
Según varios estudios, una dieta baja en sal propicia en los niños una menor ingesta de refrescos con azúcar, ya que a mayor contenido de sal en la dieta, mayor era el consumo de líquidos y por tanto, de refrescos azucarados (eso en los hogares que normalmente consuman refrescos).
Evidentemente, los niños comen lo que les proporcionan los padres, si éstos presentan un gusto excesivamente salado, sazonarán sus comidas de un modo acorde a su paladar y por tanto, vician el paladar de los pequeños haciendo que distingan cada vez menos el abuso de sal en las comidas.
La hipertensión arterial (HA) en pediatría es una patología subdiagnosticada, con una prevalencia de alrededor de un 2 a 3%. Su prevención debe comenzar precozmente con indicaciones de estilos de vida saludables.
Se concluye que hay factores de riesgos biológicos y conductuales en los jóvenes que son modificables. Es necesario promover cambios en estos grupos a través de estrategias de prevención poblacional tanto activas como pasivas. Esto requiere un compromiso de políticas públicas que incluyan campañas educativas, manejo de la publicidad y fácil identificación de los alimentos saludables. Deben intervenirse los hábitos, costumbres y tendencias a través de acciones con un enfoque multifactorial, familiar, grupal y comunitario, siendo el pediatra quien debe liderar este desafío.