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Eduardo Castex
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Emoción, memoria y reconocimiento en el 2° Conversatorio de Mujeres de la Fiesta del Trigo

El 2° Conversatorio de Mujeres, enmarcado en la LXXI Fiesta Provincial del Trigo y la XII Fiesta Nacional del Trigo y el Pan, se desarrolló este viernes desde las 20:00 horas en el Salón María Barale de Brandemann, con una importante participación de público y autoridades.

La actividad contó con la presencia de la directora de Agricultura del Gobierno de La Pampa, Natalia Ovando, el viceintendente de Eduardo Castex, Luis Ordoñez, funcionarios municipales, el presidente del Racing Club, Alberto Barbero, y dirigentes de la institución alba, organizadora del encuentro.

Bajo el lema “Mujer del Agro: manos que transforman”, el conversatorio propuso un espacio de diálogo, reflexión y memoria viva, destinado a visibilizar el rol fundamental de las mujeres en la vida rural pampeana, a través de historias atravesadas por el trabajo, la educación, la familia y la comunidad.

Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue el testimonio de Mary Esther “Coca” Pérez, docente rural jubilada y referente histórica del ámbito educativo y rural. En su relato evocó su infancia como hija de productores y las vivencias cotidianas en el campo. Recordó la precariedad de las viviendas rurales de la época y una imagen que quedó grabada en su memoria: su madre y sus hermanas trasladando el agua desde el tanque hasta la casa en grandes baldes, sostenidos con un palo para aliviar el peso. “Esa imagen la tengo patente”, expresó, al remarcar el esfuerzo silencioso que marcó a generaciones de mujeres del campo.

También tuvo una fuerte carga emotiva la palabra de Elba Norma Carrizo, quien relató con naturalidad y orgullo su crianza en el ámbito rural y el aprendizaje temprano de tareas tradicionalmente asociadas al trabajo masculino. Contó que desde muy chica, alrededor de los 10 o 12 años, acompañaba a su padre y a sus hermanas a ordeñar, trabajar con los animales y realizar las labores diarias del campo. “Aprendí a ordeñar, a hacer un asado, a carnear un cordero o pelar un lechón. Siempre hice las cosas del campo con gusto y con alegría, porque es la vida que a uno le toca”, señaló, remarcando que esas prácticas estaban completamente naturalizadas en su familia.

La voz de Valeria Liz Barbero aportó una mirada actual de la vida rural cotidiana. Relató que vive y se crió en el campo, un espacio que “no cambiaría por nada”, y describió la diversidad de tareas que realiza a diario: el trabajo matutino, el cuidado de distintos animales —chivos, ovejas, pollos, gallinas y chanchos— y el sostenimiento del hogar. “Ando con mi papá y con mi marido, y en lo que me toca hacer, siempre ayudo”, expresó, reflejando la organización familiar y el compromiso compartido que caracteriza a muchas mujeres rurales.

Por su parte, Florencia Macagno representó a una generación que combina herencia rural y formación profesional. Contó que nació y se crió en el campo, aunque realizó su escolaridad primaria y secundaria en Eduardo Castex. “Siempre me gustó el campo y estudié veterinaria como una herramienta para volver a la empresa familiar”, explicó. En la actualidad, se encuentra plenamente abocada al trabajo en el emprendimiento familiar, donde desempeña tareas propias de su profesión, pero también participa de las labores cotidianas del campo. “No solo trabajo como veterinaria, sino en todo lo que implica el día a día de estar ahí”, señaló.

El conversatorio permitió abordar temas como el trabajo rural como forma de vida, la toma de decisiones, la educación en el campo, los avances tecnológicos y el rol de la comunidad como sostén del entramado rural pampeano.

El cierre estuvo marcado por un clima de profunda emoción y reconocimiento, reafirmando que la Fiesta del Trigo no solo celebra la producción agrícola, sino también las historias invisibles de mujeres que sostuvieron —y sostienen— la vida del campo con trabajo, compromiso y dignidad.