El jugador involucrado es Emiliano Endrizzi, integrante del plantel profesional que se disponía a viajar junto a sus compañeros. Según trascendió, el hecho ocurrió dentro de la aeronave cuando el futbolista lanzó la expresión, lo que activó de inmediato el protocolo de seguridad aeroportuaria.
La reacción fue inmediata: el avión fue evacuado, intervino personal especializado y se desplegó un importante operativo de seguridad. Posteriormente, el futbolista fue retirado del lugar y detenido por las autoridades, mientras se realizaban las inspecciones correspondientes para descartar cualquier riesgo.
Tras la revisión, se confirmó que no había ningún artefacto explosivo, pero el incidente generó serias consecuencias operativas. Hubo demoras, cancelaciones y una fuerte afectación en la actividad del aeropuerto, impactando a cientos de pasajeros.

En el plano judicial, Endrizzi quedó imputado en una causa por “intimidación pública”, un delito contemplado en el Código Penal argentino que sanciona este tipo de acciones por el riesgo que implican para la seguridad colectiva.
El hecho también tuvo repercusiones deportivas, ya que el plantel jujeño tenía previsto trasladarse para disputar un compromiso por la Primera Nacional, planificación que se vio alterada por completo tras el episodio.
El caso generó un fuerte repudio y volvió a poner en agenda la gravedad de este tipo de conductas, especialmente en ámbitos sensibles como el transporte aéreo, donde cualquier amenaza —aun en tono de broma— activa protocolos estrictos y consecuencias legales inmediatas.














