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Fangio en La Pampa (*)

Recientemente el diario británico “The Telegraph”, ubicó en el primer puesto de la Fórmula 1 al “insuperable” piloto argentino Juan Manuel Fangio, entre los mejores 20 pilotos de la historia; considerando las dificultades y particularidades de cada época. Dicho medio remarcó: “Si analizamos las cifras proporcionalmente en lugar de su totalidad, Fangio es insuperable: ganó cinco títulos en ocho temporadas, consiguió la pole position el 56,9 % de las veces y ganó más del 47% de las carreras en las que participó.” Fangio obtuvo títulos con Alfa Romeo en 1951, Mercedes-Benz en 1954 y 1955, Ferrari en 1956 y Maserati en 1957.

  La Pampa ostenta el orgullo de haber sido -varias veces- anfitriona del legendario piloto internacional. Una provincia que siempre demostró -hasta nuestros días- una fuerte pasión fierrera. Entre 1954 y 1965 el fotógrafo piquense Jorge Arias, con su cámara alemana Agfa Super Silete, no sólo inmortalizó al “Insuperable Chueco”, sino también a glorias locales como “Cachi” Castaño, Marchini, Álvarez Beramendi y Tamborini.

  Durante esa etapa retratada por Arias, la provincia ya mostraba orgullosa importantes logros deportivos en la materia. Hacia 1949, se había corrido la primera “Vuelta a La Pampa” del TC, organizada por “el decano” Pico Football Club de General Pico; coronándose vencedor Juan Gálvez, al volante de una Cupé Ford V8. “El Decano” instituyó por casi treinta años aquella reconocida gesta deportiva, posibilitando una plataforma de arranque nacional para los corredores locales. El periodista Pepe Álvarez recordaba: “el trayecto solía cubrir General Pico, Catriló, Santa Rosa, Eduardo Castex y General Pico; o bien el clásico “8” que agregaba una vuelta por Intendente Alvear, Rancul, Luiggi y Trenel”. El Automóvil Club de General Pico y el desaparecido Automóvil Club Pampeano de Santa Rosa, fueron los marcos iniciáticos encargados de promover y consolidar esta pasión de multitudes.

  General Pico, Eduardo Castex, Santa Rosa, Toay y General Acha, fueron centros automovilísticos sobresalientes en La Pampa. Cada una de ellas aportaron sus propias “glorías” al volante, generando verdaderas hinchadas de seguidores fieles y entusiastas.  Desde General Pico, Juan Marchini, volante de Ford, había debutado en 1938, para seguir compitiendo tanto en las “Vueltas de La Pampa”, como en los Grandes Premios a nivel nacional. Junto a su copiloto Hernando Gallo, constituyeron una de las duplas más celebradas. El otro piquense, Cesáreo “Cachi” Castaño debutó en 1947, en TC con Chevrolet, participando por primera vez en una “Vuelta” allá por 1960, incluidos los Grandes Premios de 1963, 64 y 65. Santos Cernicharo, Domingo Lorenzatti, Julio Oddone, José Ingaramo y Aurelio Santoro, también locales, transitaron pistas y autódromos con sus bólidos de acero.

  Santa Rosa la capital pampeana, sumó destacados “volantes” a esta nómina de intrépidos deportistas. Los hermanos Henry y Humberto Sánchez, Toribio Lluch, Eloy Moradas, Benjamín Fernández e Ignacio Álvarez Beramendi. Éste último a bordo de una Cupé Ford V8, había debutado en aquella primera “Vuelta de La Pampa” de 1949. General Acha, capital histórica de La Pampa, también aportó sus “volantes”. Una recordada dupla fue la de Francisco Sabaidini y Silvio Zappa, a la que se sumó la integrada por los hermanos Thomas, Humberto y Abel, quienes fueron campeones argentinos en 1964 y 1965. Completan la nómina “fierrera” local, Rubén Castells, Antonio Rodríguez -ganador del Festival Automovilístico de Santa Rosa de 1961- y Onofre López.

   La ciudad de Toay, hoy sede del Autódromo Provincia de La Pampa, fue cuna de un gran campeón de nuestra provincia y el país, el gran Juan Ernesto Tamborini, quien al igual de muchos de los citados anteriormente, provenía de una tradicional familia de mecánicos. Sus triunfos en 1948 como Campeón de La Pampa y Campeón Argentino en 1952 en el Autódromo de Buenos Aires, lo colocan entre los corredores galardonado del país.

  La foto rescatada del archivo de Jorge Arias, inmortalizó a Juan Manuel Fangio visitando a los referentes locales, legitimando así el nivel del automovilismo pampeano. Para 1959, Fangio ya se había retirado oficialmente de la Fórmula 1 (su última carrera había sido en 1958). Durante esta etapa de su vida, el «Chueco» se dedicaba a recorrer el país, cultivando amistades, visitando concesionarias y compartiendo sus experiencias deportivas en peñas y clubes de automovilismo del interior. Acompañando al “Chueco” están Marchini (a la izquierda) y Gallo (a la derecha). Un espectacular detalle visual se asoma detrás de los conductores: un cuadro colgado en la pared muestra una cupecita en plena carrera, con el nombre «Juan Marchini». Esto nos confirma no solo su identidad, sino el estatus de figura clave en el automovilismo zonal. Los tres sostienen copas, con lo que parece ser un tradicional vermut, fernet o aperitivo oscuro, una costumbre ineludible en las reuniones sociales argentinas de mediados de siglo pasado. La ropa de civil, los sacos cruzados, los suéteres en escote en «V» y las sonrisas relajadas, contrastan con la tensión de las pistas. Muestra la camaradería absoluta y complicidad respetuosa que existía entre ellos. Fangio era una figura mundial, pero en estas reuniones en La Pampa era uno más entre todos, conversando de fierros, rutas y anécdotas. Arias recordó alguna vez que Fangio era muy “campechano”, de trato afable y cercano, “un señor” en la vida e “insuperable” en las pistas.

*Silvio J. Arias

Mayo 2026