El establecimiento era el núcleo operativo de la empresa, que había logrado posicionarse en góndolas de todo el país e incluso competir con grandes firmas del sector. Su cierre no solo representa la desaparición de una marca reconocida, sino también un fuerte impacto en la economía regional.
Un contexto económico adverso
Entre los principales factores que llevaron a esta decisión se destacan la caída del consumo interno, el aumento sostenido de costos en insumos clave como la harina y el azúcar, y las dificultades para acceder a financiamiento. A esto se suma la presión impositiva y la imposibilidad de modernizar la producción para sostener la competitividad frente a marcas más económicas.
Además, el escenario industrial tampoco ayudó: la actividad manufacturera mostró caídas recientes y el consumo masivo aún no logra recuperarse, lo que redujo notablemente el volumen de ventas del sector.
De crecimiento a cierre
Tía Maruca había nacido en 1998 como un emprendimiento familiar y con el tiempo logró expandirse a nivel nacional. Uno de sus puntos más altos fue en 2017, cuando amplió su capacidad productiva con una nueva planta. Sin embargo, esa expansión también incrementó los costos estructurales, lo que terminó afectando su sostenibilidad en un contexto económico complejo.
El cierre de la planta en Albardón pone fin a una historia empresarial que supo consolidarse en el mercado argentino y deja en evidencia las dificultades que atraviesa la industria nacional en la actualidad.








