El informe forense determinó que el niño recibió al menos 20 golpes en la cabeza, lo que le provocó un edema cerebral hemorrágico generalizado. Este cuadro derivó en un paro cardiorrespiratorio que terminó causando la muerte. A pesar de la gravedad de las lesiones, los especialistas indicaron que no se detectaron fracturas óseas, aunque la violencia de los impactos fue suficiente para generar un daño interno severo en el cerebro.
Uno de los aspectos que más alarma genera entre los investigadores es la concentración exclusiva de las lesiones en la zona craneal. No se registraron golpes en otras partes del cuerpo, lo que refuerza la hipótesis de una agresión focalizada y reiterada.
Además, los peritos no descartan la posible intervención de un mecanismo de asfixia. Si bien no se hallaron marcas visibles en el cuello, esta línea de investigación continúa abierta a la espera de estudios complementarios.

En paralelo, la fiscalía avanza en la reconstrucción del entorno familiar del menor. Las primeras averiguaciones apuntan a un contexto de violencia sostenida, un elemento que podría resultar clave para el desarrollo de la causa y la imputación de los detenidos.
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