El episodio ocurrió el pasado 5 de abril, cuando el menor se descompensó en la vivienda donde se encontraba junto a su madre. Fue trasladado de urgencia a un centro de salud, pero ingresó sin signos vitales y, pese a los intentos de reanimación, se confirmó su fallecimiento a raíz de un paro cardiorrespiratorio.
Sin embargo, los primeros resultados de la autopsia encendieron las alarmas: los peritos detectaron lesiones internas en la cabeza, un dato clave que abrió la hipótesis de una posible muerte violenta.
A partir de este hallazgo, intervino el Ministerio Público Fiscal, que ordenó una serie de medidas para avanzar en la investigación. Entre ellas, se realizaron allanamientos en la vivienda donde residía el niño, con el objetivo de recolectar pruebas que permitan esclarecer lo ocurrido.

Por el momento, no hay personas detenidas, aunque la causa se encuentra en pleno desarrollo y bajo estricta reserva.
En paralelo, familiares del menor expresaron fuertes sospechas y cuestionamientos sobre el entorno en el que vivía. Desde el círculo paterno señalaron a la madre y a su pareja, al tiempo que manifestaron su preocupación por decisiones judiciales previas vinculadas a la tenencia del niño.
Mientras tanto, los investigadores aguardan los resultados finales de la autopsia y otras pericias complementarias que serán determinantes para establecer con precisión las causas de la muerte.
El caso genera un fuerte impacto en la comunidad y vuelve a poner en foco la necesidad de esclarecer con rapidez y rigor cualquier hecho que involucre la integridad de niños y niñas.














