Corredera señaló que uno de los objetivos principales es “poner sobre la mesa conceptos claros sobre los desafíos en la conducta infantil”, remarcando que muchas conductas que generan preocupación “son, en realidad, formas en que los chicos intentan darse a escuchar”. En ese sentido, subrayó que el problema no siempre radica en el niño, sino en los entornos poco amigables que lo rodean.
Durante su intervención, la profesional destacó la falta de espacios de juego y movimiento disponibles para las infancias: “Hay muy pocos parques y demasiada demanda para que los chicos estén quietos”, advirtió. También mencionó la sobreutilización de pantallas como reemplazo del juego y la interacción humana. “El celular no es el problema de los chicos; el problema es que los adultos están desconectados”, afirmó, insistiendo en la importancia del rol adulto para habilitar el juego, la presencia y la comunicación.
Respecto al debate sobre el uso de pantallas en escuelas, Corredera sostuvo que no se trata de demonizar la tecnología, sino de utilizarla con racionalidad. Explicó que algunos estudiantes incluso requieren dispositivos como herramientas de comunicación aumentativa, pero que cualquier medida restrictiva debe ir acompañada de alternativas reales: “Si se sacan las pantallas, ¿qué espacios se van a ofrecer para que los chicos puedan jugar, interactuar y aprender?”.


La especialista también se refirió a la situación de la salud mental en el país y en la provincia. Describió un panorama preocupante, con altas tasas de autolesiones y conductas de riesgo en jóvenes, muchas veces invisibilizadas por falta de debate público. “Hoy el juego online, el bullying permanente a través de redes y la soledad emocional son factores que están impactando con fuerza en la salud mental infantil y adolescente”, advirtió. Además, llamó a revisar cómo se aplican las leyes y a fortalecer la formación de profesionales: “La ley de salud mental no está mal; lo que hay que revisar es cómo la estamos aplicando y qué responsabilidades asumimos como sociedad”.
Durante las charlas, que se dividieron en dos instancias —una para docentes y profesionales y otra abierta a la comunidad—, Corredera profundizó en estrategias de acompañamiento, señales de alerta, construcción de vínculos saludables y la necesidad de una comunidad más empática. “Necesitamos más adultos disponibles para estas infancias”, expresó, y remarcó que el mayor cambio comienza por acciones cotidianas: “Siempre esperamos que otro haga algo. Pero la pregunta es: ¿qué aporto yo?”.
Finalmente, invitó a reflexionar sobre el impacto de la violencia digital, el bullying y la pérdida de empatía social. “¿En qué corazón cabe tanta crueldad?”, se preguntó al abordar la realidad de adolescentes que enfrentan acoso constante a través de redes. “La sociedad tiene que reaccionar: necesitamos volver a mirarnos con amor, con humanidad”.

















