En el marco del Día Mundial de la Insuficiencia Cardíaca, especialistas advierten sobre el aumento de esta enfermedad y destacan la importancia de la prevención y el diagnóstico temprano.
Las enfermedades del corazón continúan siendo la principal causa de muerte a nivel mundial, y dentro de este grupo, la insuficiencia cardíaca se posiciona como una de las patologías más frecuentes y en crecimiento. En Argentina, ya afecta aproximadamente a 1 de cada 50 adultos, una cifra que refleja su impacto sanitario y social.
Se trata de una enfermedad crónica que se produce cuando el corazón no logra bombear sangre de manera eficiente. A nivel global, más de 64 millones de personas conviven con esta patología, que además de reducir la expectativa de vida, deteriora significativamente la calidad de vida.

Los especialistas advierten que su aumento está directamente relacionado con factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad y enfermedades coronarias. También influyen antecedentes familiares y la exposición a sustancias que pueden dañar el corazón.
A quiénes afecta
Si bien puede aparecer a cualquier edad, la insuficiencia cardíaca es más frecuente en personas mayores de 60 años. Afecta tanto a hombres como a mujeres, aunque con diferencias: en los varones suele manifestarse antes, mientras que en las mujeres aparece a edades más avanzadas y generalmente asociada a otras patologías como hipertensión o diabetes.
Síntomas a tener en cuenta
Entre los principales signos de alerta se encuentran la falta de aire, el cansancio extremo, la hinchazón en piernas y tobillos, las palpitaciones y los mareos o desmayos. En etapas avanzadas, incluso actividades simples como caminar o vestirse pueden volverse difíciles.
Tratamientos y avances
El diagnóstico temprano es clave para mejorar el pronóstico. Actualmente existen múltiples tratamientos que permiten controlar la enfermedad, mejorar los síntomas y prolongar la vida de los pacientes.
Además de los medicamentos, se utilizan terapias avanzadas como dispositivos implantables y, en casos más severos, intervenciones quirúrgicas o incluso trasplante cardíaco.
Prevención
A pesar del crecimiento de la enfermedad, muchas de sus causas pueden prevenirse. Entre las principales recomendaciones se destacan el control de la presión arterial, mantener niveles adecuados de glucosa y colesterol, evitar el tabaquismo, reducir el consumo de sal y alimentos ultraprocesados, realizar actividad física regularmente y sostener un peso saludable.
El control médico periódico también resulta fundamental para detectar factores de riesgo a tiempo.
















