Según el relevamiento, el índice de incumplimiento en créditos al consumo llegó al 11,2% en febrero y acumula 16 meses consecutivos de suba. El fenómeno impacta principalmente en préstamos personales, tarjetas de crédito y otras formas de financiamiento utilizadas para cubrir gastos cotidianos.
El problema se profundiza en el segmento de créditos no bancarios, como fintech y prestamistas alternativos, donde la morosidad alcanza niveles considerablemente más altos, en algunos casos por encima del 30%. Este escenario evidencia la creciente dependencia de muchas familias de este tipo de financiamiento, generalmente con tasas más elevadas.
Especialistas atribuyen el aumento de la mora a una combinación de factores, entre ellos las altas tasas de interés, la pérdida del poder adquisitivo y la dificultad de los ingresos para acompañar la inflación. En este contexto, cada vez más hogares enfrentan complicaciones para sostener el pago de sus deudas.

En contraste, el nivel de morosidad en el sector empresarial se mantiene en torno al 3%, lo que marca una diferencia significativa respecto a la situación de las familias y refuerza la idea de que el impacto económico recae con mayor fuerza sobre el consumo y la economía doméstica.
El crecimiento sostenido de la morosidad en los hogares enciende señales de alerta en el sistema financiero, ya que podría derivar en mayores restricciones al crédito y profundizar las dificultades económicas en el corto plazo.
Fuente: Noticias Argentinas














