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Lula: el Presidente que combatió a la pobreza en la región más importante del mundo – Por la Socióloga Marina Baigorria

«Cuantos más días me dejen allí, más Lulas nacerán en este país». Lula da Silva

A Luiz Inácio “Lula” da Silva no se le olvida que lo que hizo el primer día de su gestión como Presidente de Brasil fue reunir a todos sus ministros, subirlos a un avión y llevarlos a los lugares más pobres del país. Quería que el presidente del Banco Central o su ministro de Hacienda vieran a ese país que no se queja, que no hace manifestaciones, pero que está ahí, que es real y verdadero. Eso quizá haya ayudado a cambiar las cosas.
Lula  conocía muy bien esos sectores. Salió de una de esas zonas donde es común que los niños vayan a la cama sin comer o pasen un domingo sin almuerzo. Como él conoció el pan por primera vez  a los 7 años. Hasta esa edad, el café que tomaba por la mañana era con harina de yuca. Sabía  que es la desesperación de una madre que está delante de un fogón sin gas y sin lo más elemental para hacer una comida para sus hijos.
El ex Presidente de Brasil dio como resultados de su política social que sacó a 28.000.000 de brasileros de la pobreza y que redujo drásticamente los niveles de desnutrición y desescolarización de los niños, niñas y jóvenes de su país.
En ese momento Brasil era una de las diez economías más importantes del mundo. Pero para Lula esto de poca ayuda si no hay democracia ni políticas de distribución del crecimiento para evitar que el dinero siga en manos de pocos, el pueblo seguirá siendo pobre y desnutrido.

En el primer gobierno de Lula, se encontró con el 10% de la población más rica que atrapaba la mitad del dinero del país y le dejaban a los más pobres apenas el 10%, quien logró cambiar estas cifras aumentando el salario mínimo en un 62% en cinco años, aún con voces en contra que le advertían que lo único que lograría era el crecimiento de la inflación.
Y la inflación no aumentó esta sola decisión sacó a millones de brasileros de la pobreza. No solo eso, con la crisis del 2008 Brasil salió adelante gracias a esta población. El consumo creció siete veces más, sobre todo en los sectores populares. Los pobres comenzaron a ser tratados como ciudadanos y adquirir los derechos.
En su gobierno Lula tuvo varias estrategias claves para lograr los mejores resultados. Una fue bancarizar la población pobre: en un año 45.000.000 de brasileros tenían cuentas bancarias activas. Esto ayudó a hacer viable la segunda estrategia: no dejarles a intermediarios la administración ni la entrega de estos recursos públicos. No debe existir la figura del intermediario, porque la mitad de la plata se queda con él. En Brasil las personas que reciben beneficios del gobierno no tienen contacto con intermediarios. Reciben una tarjeta magnética con la que puede ir al banco y sacar el dinero. Eso es sagrado.
Y una tercera estrategia que garantiza el éxito es tener registros de calidad y hacer seguimiento a los programas y beneficiarios. Equipos del gobierno viajaron a lugares remotos en donde encontraron habitantes que ni siquiera tenían actas de nacimiento; eran ciudadanos que no existían. Ellos son hoy beneficiarios del programa bolsa familia, que entrega tarjetas a las mujeres del hogar para que cuenten con el dinero para la alimentación y la educación de su familia.


Combatir el hambre fue una prioridad del gobierno de Lula da Silva, al punto de crear un ministerio dedicado exclusivamente para esta tarea. En seis años la desnutrición de Brasil se redujo un 73% y la mortalidad infantil en un 45%.
La política es ejemplo en el mundo. Esta apuesta incluye restaurantes populares, programas de lactancia materna, promoción de la agricultura familiar, distribución de alimentos a los más pobres, la entrega de microcréditos y fomento de la economía local a través de la compra al pequeño productor para abastecer los programas de alimentación del gobierno, entre otros. La garantía para la buena alimentación de la población debería ser la prioridad de todos los hombres públicos y de los ciudadanos de buena voluntad. No es normal  que un gobernante del mundo no ponga la lucha contra el hambre como una prioridad de sus presupuestos, así como en sus políticas.


La generación de millones de empleos formales para padres de familia buscó reducir el trabajo infantil y por el contrario, llevar a estos niños, niñas y jóvenes a las 214 escuelas de educación básica nuevas, así como a las 14 universidades federales construidas durante su periodo. Hijos de albañiles estudian carreras como medicina en estas universidades.
Estos resultados, son una muestra de que no hay nada más barato que invertir en los pobres y deja atrás la teoría de que hay que esperar al desarrollo para ser inclusivos. En el caso de Brasil, la inclusión llevó al desarrollo. Los ricos también se benefician cuando los pobres dejan de serlo. Hasta se pago la deuda el FMI. Después de dos años de gobierno se devolvió 16.000 millones de dólares que se le debía.

En este contexto, actualmente Lula está detenido en un centro de reclusión en Curitiba, por presuntos delitos de corrupción, condenado a 12 años de prisión. Fue detenido el 8 de abril de 2018 cuando se entregó a las autoridades después de permanecer en el Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo,  y  en octubre celebrará las elecciones presidenciales en las que el ex mandatario es favorito,  está primero en las encuestas, y le lleva casi 20 puntos de distancia al segundo.

De origen humilde, Lula fue obrero metalúrgico y sindicalista y a mediados de la década de 1980 ocupó la presidencia del sindicato de los obreros de la metalurgia la llamada Partido de los Trabajadores (PT). Fue uno de los principales organizadores de las mayores huelgas durante la dictadura militar, que pusieron en jaque al régimen y aceleraron su caída. Candidato a la presidencia de Brasil en varias ocasiones, en 1989, 1994 y 1998, no fue hasta 2002 cuando logró obtener la victoria. Durante sus ocho años como Presidente de Brasil, hizo reformas y radicales cambios que produjeron la transformación social y económica de Brasil, que triplicó su Productividad Interna Bruta per cápita  según el Banco Mundial, al punto de convertir a la República Federativa de Brasil en una potencia mundial.