La provincia vivió este jueves un hecho histórico: el gobernador Sergio Ziliotto formalizó el ingreso de Micaela Mosiejchuk al cuerpo de brigadistas de la Dirección General de Defensa Civil, convirtiéndola en la primera mujer operativa en la institución. La firma del decreto se realizó en Casa de Gobierno con la presencia del ministro de Seguridad y Justicia, Horacio di Nápoli, y del director de Defensa Civil, David García, marcando un paso significativo en materia de igualdad y reconocimiento de capacidades.
Más allá del acto oficial, la historia de Micaela es la historia de una meta construida durante años. Ella inició su preparación en 2019 y desde entonces realizó cursos, prácticas y entrenamientos sin interrupciones. “Siempre supe que era lo que quería”, afirma. “Había años en los que quedaba cerca en el listado, pero nunca bajé los brazos”. Su ingreso se definió por mérito, luego de superar evaluaciones físicas, teóricas y operativas, donde cada nota y cada tiempo contaron para ordenar el listado final.

Su vocación nació mucho antes de presentarse a un examen. Desde niña acompañaba a su papá, coordinador del Servicio Nacional de Manejo del Fuego en La Pampa, Mendoza y Buenos Aires. “Él fue mi gran motivación”, recuerda. “Yo lo veía trabajar y me encantaba. Para mí era un orgullo”. En esos años tempranos conoció brigadistas, bases, rutinas y salidas a campo, y comenzó a desear ese futuro para ella. “Ya venía en la sangre”, explica, convencida.

La formación no fue sencilla. Durante los cursos teóricos, prácticos y físicos debió rendir con exigencias idénticas a las de sus compañeros varones. “En el campo trabajamos todos igual”, dice. “Te evalúan la capacidad que tenés, no si sos hombre o mujer”. Correr mil metros, realizar pruebas de fuerza, responder exámenes y entrenar bajo presión fueron desafíos que enfrentó sin excusas. “A veces era la única mujer haciendo los cursos, pero eso nunca me frenó”, agrega con firmeza.

Su camino incluyó también experiencias complementarias. Fue aspirante en Bomberos Voluntarios de Toay, asistió a cursos de brigadista internacional en abril de este año y logró certificación de Estados Unidos en combate de incendios en interfaz. “Todo lo que sea aprender, lo hice”, explica. “Nunca me quedé quieta, siempre busqué sumar”. A la par, cursa la Tecnicatura en Gestión Integral de Incendios Forestales, a punto de finalizar. “Mi idea siempre fue estar preparada. Si no llega la oportunidad, igual te queda el aprendizaje”, reflexiona.
Ser la primera mujer operativa es un orgullo, pero también una responsabilidad que siente como propia. “Espero que esto motive a más mujeres”, expresa. “En muchos cursos éramos muy pocas. Ojalá que con esto se animen más a estudiar, entrenar y presentarse”. Para ella, la clave es simple: constancia. “Yo insistí, insistí e insistí hasta que se me dio”, dice. “Si no hay constancia, no llegás. Así de claro”.

Su destino será la base de Chacharramendi, una zona estratégica en la temporada alta de incendios forestales. Allí trabajará en un régimen de cinco días en base y cinco días de guardia. “Es donde más incendios hay por el calor, el viento y las condiciones del terreno”, explica. “Pero estoy preparada para eso, para eso me entrené”. Por ahora disfruta de sus días de franco antes de incorporarse plenamente al equipo operativo junto a tres compañeros de cuadrilla.
El acto de su designación también dejó momentos especiales. El gobernador le pidió que se cuide mucho y le recordó que la prioridad es la seguridad del personal. “Fueron muy atentos conmigo”, cuenta. “El gobernador, el ministro y el director me dijeron que estaban a disposición para lo que necesite”. Ese acompañamiento institucional, dice, le dio un plus de tranquilidad en un momento de emoción y responsabilidad.

Su vida personal también forma parte de esta historia. Micaela es mamá de un nene de ocho años y, aunque reconoce que la conciliación es difícil, su familia es su mayor sostén. “Están súper orgullosos”, afirma. “Sin ellos no hubiera podido llegar. Cuando tenía que estudiar, entrenar o viajar, siempre estuvieron ahí”. Recuerda que durante años trabajó en comercio mientras se capacitaba y estudiaba a contratiempo. “El acompañamiento familiar es fundamental”, repite.
Micaela también dedicó palabras a la comunidad. Pidió mayor reconocimiento para el trabajo de quienes combaten incendios y emergencias. “Nosotros trabajamos para la gente, arriesgamos la vida y dejamos a nuestras familias para estar ahí”, sostiene. “Ojalá que eso se valore más, porque es un esfuerzo enorme”. Su mensaje resume la esencia de una tarea marcada por la entrega y la vocación de servicio.
Su ingreso ya opera como un símbolo: demuestra que la igualdad se construye con oportunidades reales y evaluaciones basadas en capacidad. “Si te toca rendir, rendís. Si te toca hacer físico, lo hacés. Todos iguales”. Es una afirmación que no solo reivindica su camino, sino también el futuro de quienes vengan detrás.

Hoy, Micaela se prepara para una temporada exigente, con temperaturas altas y condiciones críticas en varias zonas de la provincia. Pero su decisión es firme: “Para esto me formé y estoy lista para trabajar”. Su historia es el retrato de una mujer que eligió un camino difícil, lo sostuvo con convicción y lo transformó en una conquista personal y colectiva.
La entrada de Micaela Mosiejchuk a Defensa Civil no es solamente la incorporación de una nueva brigadista. Es un mensaje para la provincia, una inspiración para otras mujeres y una demostración de que los sueños se alcanzan con dedicación real. Su recorrido recién empieza, pero ya dejó una marca profunda en La Pampa.


















