La orca Kshamenk, el último ejemplar de su especie que permanecía en cautiverio en Sudamérica, falleció este domingo en el oceanario Mundo Marino, ubicado en la localidad bonaerense de San Clemente del Tuyú. El deceso se produjo alrededor de las 7 de la mañana a raíz de un paro cardiorrespiratorio, según informó la empresa.
Kshamenk había sido rescatado en 1992, cuando era una cría, tras un varamiento ocurrido en la Bahía de Samborombón. Desde entonces vivió bajo cuidado humano durante más de tres décadas, convirtiéndose en uno de los animales más emblemáticos del parque y en una figura central de debates públicos, científicos y éticos.
Una vida marcada por el cautiverio
El ejemplar —un macho de orca— vivió más de 30 años, una cifra que supera la expectativa de vida promedio de los machos de su especie en estado salvaje. Desde Mundo Marino señalaron que, debido a haber pasado prácticamente toda su vida en cautiverio, no existían condiciones seguras para una eventual liberación, argumento que fue sostenido durante años por la institución.

En un comunicado oficial, el oceanario indicó que Kshamenk estuvo acompañado por sus cuidadores y veterinarios en sus últimos momentos, y destacó el vínculo desarrollado a lo largo de los años con el personal del parque.
Controversia y reclamos
A lo largo de su vida, Kshamenk fue eje de fuertes reclamos de organizaciones ambientalistas y de protección animal, que cuestionaron la permanencia de orcas en espacios reducidos y en soledad, una condición contraria al comportamiento social natural de la especie.
Distintas campañas nacionales e internacionales solicitaron su traslado a un santuario marino, propuesta que nunca se concretó. Desde el parque argumentaron reiteradamente que un traslado o liberación implicaba riesgos severos para su salud y supervivencia.
Un símbolo que deja huella
La muerte de Kshamenk no solo cierra un capítulo en la historia de Mundo Marino, sino que también deja abierta una discusión más amplia sobre el futuro de los animales marinos en cautiverio, los límites del entretenimiento con fauna silvestre y la necesidad de nuevos modelos de conservación.
Con su fallecimiento, ya no quedan orcas en cautiverio en América del Sur, un dato que marca un antes y un después en la región y que, para muchos especialistas y activistas, debería ser el punto de partida para repensar las prácticas vinculadas a estos animales.



















