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Eduardo Castex
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Nota de opinión: Ziliotto vicepresidente 2027 (*)

La construcción de autonomía política de Axel Kicillof hacia el 2027 es quizás, el desafío político más complejo y fascinante que tiene por delante el gobernador bonaerense. Una parte del electorado lo percibe como un producto del “kirchnerismo puro”, siendo esto una fortaleza –concentrando al núcleo duro del “Cristina Libre”-; y un techo a la vez para atraer a sectores moderados o del interior del país. Por el momento, la estrategia del nuevo espacio político creado por Axel, Movimiento Derecho al Futuro (MDF), parece decantarse en tres ejes muy claros, destinados a ampliar el volumen político del mismo, con pertenencia ideológica justicialista y trayectoria personal ejecutiva.

En primer lugar, para ganar y consolidar autonomía política Kicillof debe pasar de ser un «elegido» de CFK a un «constructor autónomo», con peso propio. Su estrategia no consiste en despegarse de Cristina, sino en rodearse de figuras políticas propias (Jorge Ferraresi, Intendente de Avellaneda, o Mario Secco, Intendente de Ensenada). Además, al ser el gobernador de la provincia más grande del país, su autonomía se construye gestionando «cara a cara» junto a sus pares del interior. Si Axel logra que los gobernadores del PJ (más aliados) lo vean como un igual que defiende “el federalismo de sus cajas” y no como un delegado del Instituto Patria, la autonomía vendrá por decantación. Un ejemplo positivo de gobernadores “indomables” frente a la asfixiante motosierra anarcoliberal, es el del pampeano Sergio Ziliotto quien ha sabido gestionar un modelo justicialista opuesto al nacional, quedando -según las encuestadoras- entre los primeros lugares de imagen positiva percibida, entre otros mandatarios. ¿Podría ser Sergio Ziliotto un posible candidato a la vicepresidencia de la nación?, no estaría nada mal para reinstaurar la defensa del federalismo real y el sistema republicano de gobierno.


El segundo eje de esta estrategia 2027, tiene que ver con una renovación generacional y discursiva, instalada mediáticamente por el propio Axel, al expresar que es necesario «componer nuevas canciones», sin cambiar la letra (doctrina), sino la melodía (forma de comunicar). Su discurso actual parece enfocarse más en la eficiencia y presencia del Estado, y mucho menos en el relato histórico. Su campaña para 2027 es demostrar que, mientras Nación ajusta, la Provincia construye viviendas, hospitales, escuelas, rutas y garantiza derechos adquiridos. La Pampa (olvidada y acreedora de nación) es otro ejemplo de ello. Apunta también a una “des-kirchnerización” de las formas, que tanto rechazo generaron en el electorado independiente (y capitalizaron los medios de comunicación opositores); enarbolando siempre la justicia social como faro, pero desde una figura más institucional, menos confrontativa en lo personal y más técnica en lo económico.
Por último, frente a la figura confusa y peligrosa del actual titular del Poder Ejecutivo Nacional, Kicillof emerge con el “candidato de las certezas”, con siete años gobernando Buenos Aires con estabilidad; frente a la incertidumbre, mentiras y ocultamiento que ofrece el otro polo del poder. Su mejor estrategia para ganar y consolidar autonomía, será el de posicionarse como el garante del orden social, con esperanza, profesionalismo, humanidad e identidad nacional; frente a una sociedad descreída de su dirigencia política y empobrecida al mismo tiempo por ella. Mientras el kirchnerismo duro suele enredarse en discusiones internas, Axel se mantiene en el carril de su gestión: «Soy parte del movimiento, pero mi prioridad es la gestión pública».


La ruptura de Néstor Kirchner con Eduardo Duhalde en 2005 (que culminó en aquella batalla electoral entre Cristina Kirchner y «Chiche» Duhalde) es el antecedente directo de lo que Axel Kicillof parece estar ejecutando hoy. En 2003, Néstor llegó al poder de la mano del aparato de Duhalde; en 2019 y 2023, Axel revalidó la provincia bajo el ala de Cristina. Al igual que Néstor en su momento, Axel ha comprendido que para gobernar con autoridad no puede ser un «administrador delegado». El reciente nombramiento de Kicillof como presidente del PJ bonaerense (marzo-abril de 2026) es su «17 de octubre» institucional. Al tomar el control formal del partido en la provincia, le quita a La Cámpora y al Instituto Patria el manejo de la «lapicera» para las listas de 2027.


Néstor se apoyó en los intendentes conocidos como «los barones del conurbano» que querían jubilar a Duhalde. Axel está haciendo lo mismo con una nueva generación de jefes comunales y dirigentes, que buscan un peronismo más pragmático y menos condicionado por la conducción de Máximo Kirchner. Pero, Axel no se queda solo en el AMBA. Su estrategia de autonomía incluye tejer alianzas con gobernadores del interior que, ante el desfinanciamiento nacional, ven en él al único «gestor con recursos y votos» capaz de liderar el reclamo federal. En 2005, el Kirchnerismo no renegó del Peronismo, sino que se presentó como su versión superadora y moderna frente al «duhaldismo» que tildaban de antiguo. Axel no busca romper con el kirchnerismo (sería un suicidio político dado que es su base de apoyo), sino «evolucionarlo».


Por último, Cristina (autoridad simbólica) entiende que la supervivencia de su legado depende de que el movimiento no muera con ella. Aceptar el trasvasamiento hacia Kicillof (autoridad de gestión) no es una derrota, sino una retirada estratégica. Al permitir que Axel tome las riendas, ella asegura que el núcleo de las ideas fundacionales del justicialismo (justos, libres y soberanos) siga vivo en un joven dirigente con proyección nacional y sin el desgaste judicial que ella acarrea.


*Prof. Silvio J. Arias – Afiliado PJ-La Pampa