Fue un premio para Tigre, que había redondeado una gran campaña en la Superliga, con momentos de muy buen juego, pero los promedios lo condenaron. Sin embargo, el plantel, con puntos altísimos en cuanto a rendimiento (Menossi, Montillo, Diego Morales, Federico González, entre otros) no acusó el golpe. Trasladó su estilo a la Copa de la Superliga y terminó imponiéndose ante un Boca que, más allá de las oportunidades que dilapidó, mantiene su deuda en cuanto a volumen de juego. El bonus track para los de Victoria: jugarán la Copa Libertadores 2020.
El primer tiempo comenzó friccionado y cerrado, consecuencia de la intensidad que le imprimieron ambos equipos al juego. Tigre apostó a una presión extendida, que forzó a Boca a saltear el mediocampo y unir la salida (en general, de Izquierdoz) con alguno de los delanteros que bajaba a pivotear de espaldas.

Sin embargo, en un par de acciones ofensivas, el pressing del «Matador» mostró grietas en el bloque. Y, a partir de transiciones veloces, el «Xeneize» llegó a fondo en dos oportunidades. Primero, a los 15, luego de una asistencia de Zárate que Benedetto, mano a mano con Marinelli, definió al palo. Después, a los 17, con el remate cruzado de Villa que Marinelli envió al córner.
El elenco de Gorosito manejaba la pelota sin profundidad, ante un Boca que cerraba líneas y aguardaba para hacer pesar su jerarquía ofensiva. Hasta, que a los 23 minutos, Federico González enganchó y sorprendió con el remate al arco al primer palo, que se le escurrió a Andrada: 1-0.
Casi inmediatamente llegó el segundo golpe del «Matador»: Janson se escapó en soledad (no hubo fuera de juego en la previa) y el propio ex Lanús terminó tomándolo a la altura del cuello. Néstor Pitana no dudó y sancionó penal. Y el propio Janson, con un remate bajo (que también se le escapó por debajo del cuerpo a Andrada), marcó el 2-0.
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En el segundo tiempo, Boca mostró dificultades en la elaboración de juego, sobre todo por la falta de un hombre con características de enlace, capaz de entrar en pared o filtrando alguna pelota entre líneas. Fue Carlos Tevez el que retrocedió a armar; sin embargo, generó más inquietud a través de arrestos individuales. Tigre, en cambio, buscó mover la pelota, para desgastar al adversario.
Alfaro apeló a imponerse por potencia y peso ofensivo. Por eso incluyó un doble 9 y modificó el esquema, con tres en el fondo y carrileros. Con ese plan, consiguió arrinconar al «Matador». Boca tuvo tres ocasiones clarísimas: primero, a los 18 minutos, Benedetto capturó un centro desde la derecha y ensayó una palomita que se marchó a milímetros del palo izquierdo de Marinelli. Un minuto después, remató desde fuera del área y el arquero llegó a desviar. Y a los 31, estrelló un cabezazo en el travesaño.
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