La propuesta surgió en el marco de una secuencia didáctica de Ciencias Sociales, donde los estudiantes trabajaron contenidos vinculados a la organización del territorio argentino, la bicontinentalidad, la soberanía nacional, las Islas Malvinas y el Tratado Antártico.

Según explicó la docente Yesica Berhau Marticorena y la vice directora Silvia Heinz, la idea nació de manera espontánea durante una clase. Mientras abordaban la vida en la Antártida, los propios alumnos manifestaron el deseo de poder hablar con personas que estuvieran viviendo allí. Aunque en un principio parecía un objetivo difícil de concretar, el entusiasmo de los chicos impulsó al equipo docente a comenzar las gestiones.
La búsqueda de contactos comenzó a fines de mayo. Tras distintos intentos y gracias a una cadena de personas que colaboraron desde Tierra del Fuego, lograron establecer comunicación con la Base Esperanza. Finalmente, a comienzos de junio recibieron la confirmación de que la videollamada sería posible.


Durante el encuentro, los estudiantes pudieron realizar preguntas que habían preparado previamente en el aula sobre la vida cotidiana en la base, las condiciones climáticas, las tareas que desarrolla el personal militar y distintos aspectos del continente blanco.
Las docentes destacaron que la actividad tuvo un enorme valor pedagógico, ya que permitió que los contenidos trabajados en clase cobraran vida a través del contacto directo con quienes habitan la Antártida.
«Todo surgió naturalmente. Fueron los propios chicos quienes pidieron comunicarse con la Antártida y prepararon sus preguntas. Es una forma de aprender que va mucho más allá de lo que puede ofrecer un libro», señalaron.
La propuesta también incluyó a los alumnos de sexto grado, quienes el año pasado habían trabajado los mismos contenidos relacionados con la soberanía nacional y la Antártida.

Finalmente, las docentes agradecieron la predisposición de todo el personal de la escuela, del equipo de gestión, de los auxiliares y de quienes colaboraron para garantizar la conectividad y el correcto funcionamiento tecnológico durante la videollamada, destacando especialmente el apoyo brindado por Dante Perazzi.
La experiencia dejó una huella imborrable en los estudiantes, quienes pudieron «viajar» virtualmente hasta uno de los lugares más australes del planeta sin salir del aula, demostrando cómo la tecnología puede convertirse en una valiosa herramienta para enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje.

















