Desde Eduardo Castex al Mediterráneo: Mary Heim, la castense que convirtió el color en una forma de bienestar
Hay historias que no necesitan estridencias para conmover. No hablan de éxitos repentinos ni de golpes de suerte, sino de constancia, sensibilidad y decisiones valientes tomadas a tiempo. La historia de Mary Heim es una de esas: una vida atravesada por el arte, la comunicación y el movimiento, que hoy florece en España con un proyecto que invita a algo tan simple —y tan revolucionario— como detenerse a colorear.
Mary dejó Castex siendo apenas una adolescente. Tenía 17 años cuando decidió irse sola a Buenos Aires, con la determinación de estudiar, trabajar y sostenerse por sus propios medios. “Me fui muy jovencita. Tan joven que a veces ni quiero hacer la cuenta de cuántos años pasaron”, cuenta hoy, con una sonrisa que mezcla nostalgia y orgullo. En la capital se formó como Licenciada en Comunicación y nunca dejó de sumar aprendizajes: cine, radio, televisión, moda, marketing. Siempre cerca de la creatividad, siempre buscando nuevos lenguajes.
El arte, en su vida, no fue un pasatiempo: fue una forma de ser. Bailarina desde niña, profesora de folclore a los 12 años, inquieta, sensible, curiosa. “Siempre estuve muy cerca de las actividades artísticas. Es algo que me acompaña desde que tengo memoria”, recuerda.
En 2010, junto a Pablo —su compañero desde hace más de 24 años— tomó una de las decisiones más importantes de su vida: emigrar. Europa era una espina clavada, un deseo compartido desde la juventud. Primero fue Madrid, luego Barcelona, y finalmente Calafell, un pueblo costero de la Costa Dorada que terminó convirtiéndose en hogar.
“Nos dimos cuenta de que necesitábamos el mar cerca. Hay personas que son de montaña, otras de ciudad. Nosotros somos de mar. Nos reenergiza, nos ordena, nos calma”, explica Mary. En Calafell encontraron no solo paisaje y calidad de vida, sino también el espacio emocional para proyectar a largo plazo, echar raíces y pensar un futuro propio.
Un proyecto que nace de la pausa
Después de años trabajando en agencias de publicidad, empresas de distintos tamaños y roles ligados a la comunicación y el marketing, algo empezó a inquietarles. La necesidad de crear algo propio, conjunto, con sentido. No un producto más, sino una propuesta con propósito.
Así nació Pangie Color, un proyecto que combina libros para colorear con bienestar emocional, creatividad consciente y autoconocimiento. “No queríamos hacer algo vacío. Queríamos aportar algo real a la vida de las personas”, resume Mary.
El inicio fue una aventura. Pablo viene del mundo de las finanzas; Mary, del marketing y la comunicación. Ninguno había trabajado antes en la industria editorial. “Nos metimos en un universo completamente distinto a todo lo que conocíamos, y eso fue tan desafiante como hermoso”, confiesa.
Hoy, Pangie Color ya cuenta con cinco libros publicados, disponibles a través de Amazon y también en comercios locales de Calafell, donde otras emprendedoras apostaron al proyecto desde el primer momento. Libros pensados para adultos, niños y familias enteras; libros que no buscan perfección, sino experiencia.
Colorear como acto de resistencia
“Colorear no es solo colorear”, repite Mary. Y lo dice desde la vivencia, no desde la teoría. “Todos coloreamos alguna vez en la infancia. Lo que proponemos es volver a ese gesto, pero con conciencia. Usarlo como una herramienta para bajar la velocidad, liberar tensión, reconectar con uno mismo”.
Dos de los libros incluyen, además de ilustraciones, páginas con frases motivadoras, espacios para escribir, preguntas que invitan a la reflexión: ¿Cómo te ves en cinco años? ¿Qué le dirías a tu yo del futuro?
“Vivimos hiperestimulados, distraídos, corriendo detrás de obligaciones, pantallas y notificaciones. Estos libros proponen un pequeño ritual de calma. Diez minutos. No más. Y funciona”, asegura.
Mary lo dice con honestidad brutal: “Antes de empezar con el proyecto, yo jamás me hubiera sentado a colorear un libro. Fue hacerlo por primera vez con nuestros propios libros y darme cuenta de que realmente genera bienestar. Ahí entendí que no era una idea linda: era algo que funcionaba”.
Un libro que abrió puertas
Uno de los hitos más importantes del proyecto fue la creación de Colorea Calafell, un libro inspirado en el pueblo donde viven. Ilustraciones basadas en sus paisajes, su identidad cultural, su vida cotidiana. Un gesto de gratitud hacia un lugar que les dio estabilidad y pertenencia.
“Lo hicimos por amor al pueblo. Como una forma de devolver todo lo que nos da”, explica Mary. Presentaron la propuesta al Ayuntamiento, que no solo autorizó el uso del logo institucional, sino que declaró el libro de interés cultural y organizó una presentación oficial.
“A partir de ese libro se nos abrieron muchas puertas. Fue una validación enorme, no solo profesional, sino emocional”, reconoce.
Voces que acompañan
El impacto del proyecto también se refleja en quienes lo rodean.
“Los libros de Pangie Color tienen algo especial. No son solo dibujos: te invitan a parar, a respirar. En la tienda la gente los abre, los toca, y se queda un rato largo mirando”, cuenta una comerciante local de Calafell que decidió sumar los libros a su vidriera.
“Es una actividad que reúne generaciones. Ves a un adulto sentarse a colorear y automáticamente un niño se suma. Es un momento compartido que no pasa por una pantalla”, destaca otra emprendedora del pueblo.
Desde el entorno más íntimo, Pablo también aporta su mirada:
“Este proyecto nos permitió unir mundos: la creatividad, la sensibilidad, la estructura, la planificación. Pero sobre todo nos permitió crear algo que nos representa y que mejora, aunque sea un poco, la vida de quienes lo usan”.
Castex siempre presente
Aunque la vida transcurra hoy a miles de kilómetros, Castex sigue siendo parte del mapa emocional de Mary. “El origen no se pierde. Está en la forma de mirar, de crear, de vincularse”, dice. Y no es casual que su historia genere orgullo en su pueblo natal: porque demuestra que se puede salir, crecer, transformarse y, aun así, no olvidar de dónde se viene.
Hoy, mientras compatibiliza el emprendimiento con trabajos de consultoría en inteligencia artificial, Mary sigue apostando a Pangie Color como un proyecto de vida. No desde la urgencia, sino desde la convicción.
“Si logramos que una persona se regale diez minutos de calma en su día, ya valió la pena”, resume.
Desde un pueblo pampeano hasta la costa catalana, la historia de Mary Heim es la prueba de que el éxito también puede ser silencioso, sensible y profundamente humano. Y que, a veces, volver a tomar un lápiz de color es la forma más sincera de volver a uno mismo.