🌙
📍 Eduardo Castex
Cargando...
ST --° Mín --° / Máx --°
--°
☁️

El dolor que no se va: fanáticos de Castex recuerdan al Indio Solari

A casi tres semanas de la muerte de Indio Solari, el dolor sigue intacto entre sus seguidores. En Eduardo Castex, Brian Daratha y Juan "Pipo" Gómez compartieron recuerdos, anécdotas y emociones que reflejan el vínculo único que miles de fanáticos construyeron con el histórico líder de Los Redondos. Entre viajes, recitales, amistades y canciones que marcaron generaciones, ambos coinciden en que el Indio trascendió la música para convertirse en parte de sus vidas.

La muerte de Indio Solari, ocurrida el pasado 5 de junio a los 77 años, dejó un vacío imposible de llenar para millones de seguidores del rock argentino. Sin embargo, lejos de apagarse, el legado del ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota parece haberse fortalecido con el paso de los días. Las multitudinarias despedidas, los homenajes espontáneos y las historias compartidas por sus fanáticos reflejan una realidad pocas veces vista en la música nacional: el Indio trascendió el rol de artista para convertirse en una parte fundamental de la vida de varias generaciones.

En Eduardo Castex, el dolor todavía se siente. Para muchos, la noticia fue similar a perder a un familiar, a un amigo de toda la vida o a esa voz que acompañó momentos felices, difíciles y trascendentales.

Uno de ellos es Brian Daratha, quien reconoce que aún le cuesta hablar del tema sin emocionarse.

«Lloré todo el día, sigo llorando al Indio», confiesa. Su historia con Los Redondos comenzó en la infancia, escuchando los discos en la casa de su abuela junto a su tío. «Yo me crié literalmente con Los Redondos. Tengo recuerdos de tener cinco años y estar dibujando la corona. Fue algo que mamé desde chico», recuerda.

Con el tiempo llegaron los viajes, las rutas, las interminables filas para conseguir una entrada y la experiencia única de compartir una misa ricotera con miles de personas. «Nos hemos hecho noches enteras de cola para comprar una entrada y no quedarnos afuera», cuenta.

La noticia de la muerte lo encontró trabajando. «Lo primero que hice fue llamar a mis amigos para preguntar si era verdad. Después caés y empezás a llorar», relata.

También admite que quedó una sensación de vacío por no haber podido participar de la despedida pública que reunió a cientos de miles de fanáticos en Buenos Aires. «Nos faltó esa despedida. Por cuestiones laborales o de distancia no pudimos estar. Y eso duele».

Para Juan «Pipo» Gómez, otro reconocido ricotero castense, el golpe también fue profundo, aunque reconoce que el propio artista venía dejando señales en sus canciones.

«Creo que para algunos ya nos venía avisando de lo que podía pasar. Venía hablando mucho en sus letras de este final, de la decrepitud, de lo que estaba sintiendo. Igual uno siempre espera un poco más», reflexiona.

La noticia lo llevó inmediatamente a recordar su adolescencia. Tenía apenas 14 años cuando viajó a River para ver a Los Redondos en el año 2000.

«Me acordé mucho de mis viejos, que me dejaron ir cuando no había teléfonos ni forma de comunicarse. Ellos mirando la televisión preocupados y yo feliz viendo a Los Redondos en River», relata.

También recordó a su primo, quien le regaló su primera guitarra eléctrica y lo acompañó en sus primeros pasos dentro del universo ricotero.

Pero por encima de los recuerdos aparece la obra. Las canciones. Las letras.

«Podés acudir a una letra del Indio en cualquier estado de ánimo. Si estás feliz, triste o nostálgico, siempre hay una canción que te acompaña», asegura.

Y quizás allí radique el fenómeno que todavía sorprende incluso después de su muerte. Miles de personas hicieron filas de kilómetros para despedirlo, mientras otros tantos se reunieron en plazas, clubes y bares para cantar sus canciones. Algunos llevaron banderas, otros tatuajes, otros simplemente lágrimas. Todos compartían la misma sensación: se había ido alguien que formaba parte de sus vidas.

El Indio Solari dejó de estar físicamente, pero su obra continúa sonando en autos, casas, reuniones de amigos y recitales. Sigue apareciendo en una frase, en una guitarra, en una remera gastada o en una ruta rumbo a algún encuentro ricotero.

«Queremos seguir transmitiendo todo esto que sentimos, esto que llamamos rock and roll y que llevamos en la sangre», resume Gómez.

Porque para sus seguidores, el Indio nunca fue solamente un cantante. Fue la banda sonora de una época, el refugio de muchas historias personales y el creador de canciones que seguirán acompañando a generaciones enteras.

Y mientras alguien vuelva a cantar una de sus letras en cualquier rincón del país, el Indio seguirá vivo.